Una reflexión en torno a la prostitución desde la psicología

Prostitución desde la psicología

La sexualidad es uno de los aspectos vitales que más ha cambiado en lo que llevamos de siglo. Desde la popularización de internet, el acceso a contenidos de carácter sexual se ha facilitado y, lógicamente, incrementado. Desde nuestros teléfonos móviles podemos visitar páginas cargadas de vídeos para adultos, podemos chatear con otras personas que busquen tener sexo sin compromiso y hasta podemos encontrar discretas escorts en Jalisco.

La prostitución desde la psicología

Esta expansión del sexo, como podríamos llamarla, hace que el intercambio de fotografías eróticas y/o explícitas esté a la orden del día. Esta exposición del cuerpo, que empieza como un juego de pareja, lleva a algunas mujeres a considerar la opción de lucrarse con este tipo de imágenes. Estos son los primeros pasos en un camino que podría llevar a la pornografía e incluso a la prostitución. Y claro, debido al contexto sociológico contemporáneo, minimizamos el valor de este recorrido y el impacto que puede tener sobre las mujeres.

El contexto en el que se mueven las trabajadoras del sexo es propenso a la violencia. Ya sea de forma psíquica, verbal o física, la mayoría de profesionales del sexo han vivido o asistido a algún acto violento. Si bien existen distintos tipos de clientes (es imposible realizar un perfil genérico), es cierto que el mero hecho de pagar para disponer del cuerpo de una mujer ya puede suponer ejercer cierta violencia sobre este. Más allá de esto, algunos hombres se permiten insultar o maltratar a las trabajadoras, con datos tan terribles como que más del 80% de estas mujeres son agredidas físicamente y sufren amenazas verbales, así como más del 60% son, directamente, violadas.

Reflexión sobre la prostitución

Del lado del cliente, pese a la dificultad a la hora de concretar cómo es el comportamiento del hombre que acude a los servicios de escorts y prostitutas, sí tenemos algunos datos de carácter cuantitativo. Estos pueden ayudar a desmitificar el concepto que tenemos de personas que consumen prostitución. Sabemos claramente que la media de edad está entre los 30 y 50 años, pese a que el acceso a profesionales del sexo sea a una edad cada vez más temprana. Los datos prueban también que, con mayor frecuencia, se trata de hombres con estudios y con cierta capacidad económica. Por último, de cada diez hombres que son clientes de profesionales del sexo, seis tienen pareja o están casados.

Entonces, desde un punto de vista psicológico, ¿qué es lo que lleva a estas personas a acceder a la prostitución? Los motivos son variados. Existen hombres que hacen uso de los servicios que ofrecen estas mujeres debido a fuertes problemas de autoestima o emocionales, utilizando a las profesionales a modo de terapeutas.

También se conocen casos de varones que, ante una educación sexual deficiente y unos gustos que se salen de los normativos, acuden a trabajadoras del sexo en busca de explorar una sexualidad que podríamos llamar prohibida. En estos casos, prostitutas o escorts relatan que en determinadas ocasiones no llegan a consumar el acto sexual y que simplemente se limitan a escuchar y a ofrecer un afecto que el hombre no consigue encontrar de otra forma. Sin embargo, también hay un grupo de hombres que no tienen relaciones sexuales o consideran que las que practican no son suficientes y que, por tanto, contactan con escorts buscando simplemente practicar sexo. Por último, no se puede descartar la excitación que produce en algunos varones el fetiche de lo secreto.

Pese a que el acceso a la prostitución es cada vez más fácil, aún más desde la llegada de internet y de los smartphones, y pese a que la información es cada día más accesible a los usuarios, los datos no son todo lo positivos que cabría esperar. Teniendo en cuenta que el acceso a profesionales del sexo sigue siendo frecuente, lo deseable sería que estos clientes dejaran atrás cierta imposición sobre la mujer así como determinadas actitudes ofensivas, agresivas y desagradables. Tal vez de esta manera podría empezar a normalizarse el trabajo de estas mujeres, pudiendo ellas realizar su oficio sin miedo ni efectos secundarios.

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