Ansiedad: Claves para dejar de “Pensar Demasiado”

Persona con ansiedad

¿Cuándo rumiar como hacen las vacas te ha servido de algo a ti como ser humano? Las vacas consumen el alimento y luego lo regurgitan, y seguidamente lo vuelven a masticar de nuevo, este proceso se usa como símil con el ser humano cuando nos referimos a algunos mecanismos usados en los pensamientos, es decir llevado al cerebro humano se traduce a poseer un pensamiento constante el cual te ronda y vas alimentando cada vez más, ya que cuánto más lo piensas más importancia le estás dando, por tanto más atención le prestas.

De esta forma, le estas enseñando a tu cerebro a dar vueltas a algo que por lo general no depende de ti, ya que por más vueltas que le des a tus pensamientos no suelen aparecer soluciones, le estas maleducando. En la mayoría de las ocasiones, estos pensamientos que nos suelen rondar constantemente por nuestra cabeza son inútiles, ya que uno no tiene ningún tipo de poder sobre ellos.

Se suele creer que por darle vueltas a las preocupaciones puede llegar a aparecer una solución milagrosa, pero esa idea es totalmente errónea, y realmente lo único que depende de ti es dejar de pensar, dejarlo estar. Por ejemplo un truco para ello, ya que no es fácil, se trata de apuntar esas ideas que nos atormentan en un papel y guardarlo, y cuando te surjan ideas al respecto sobre esos temas que puedan llevarte a posibles soluciones, apúntalas en dicho papel. A modo de auto instrucción estar en el aquí y en el ahora, es decir en el momento presente en el sentido literal, ayuda a centrarte en la gente, los olores, el trabajo, los detalles, etc., y a no estar en el prado que es donde habitan las vacas rumiando.

Explicar o buscar explicaciones a todo lo que pasa a tu alrededor se traduce en ansiedad, por eso dejar de razonarlo todo, en caso de que tengas ansiedad, es una posible solución que seguro aminorará la sensación de angustia. Estas rumiaciones van de la mano de la ansiedad, a modo de hábito, llevando a pensar demasiado, así que si te quedas enganchado a lo que hiciste o dijiste en una discusión o lo que podrías haber dicho de manera diferente, o te cuesta conciliar el sueño por la noche pensando en algo que crees que hiciste mal ese día o simplemente le das demasiadas vueltas a las cosas, a todas las cosas, déjame decirte que no eres el único, por un lado, y por otro que no sirve de nada.

Cada vez más el número de personas que adoptan esta dinámica en la manera de pensar va en aumento, y piensan demasiado lo que les impide tener una satisfacción en su vida. Aquí te mostramos algunas estrategias a modo de explicaciones comprensivas, para disminuir esta práctica tan insana y dañina, y aprendas a poder controlarlo, extraídas de un artículo de M. Ángeles Molina:

  • Cuánto más pienso más me agoto

El hecho de pensar en si no es nada negativo, pero sí lo es el que ciertos pensamientos se queden circulando y produciendo pensamientos no sólo negativos, sino también dando lugar a más preguntas y a más nuevas ideas problemáticas las cuales a su vez van generando nuevos pensamientos negativos que van ganando terreno poco a poco, creciendo en nuestra mente. Este círculo cerrado no lleva a encontrar respuestas o soluciones, nos lleva más bien a una cárcel de sentimientos de malestar y a un aumento del victimismo y el catastrofismo, que puede conducir a la depresión. De manera que nos sentimos atrapados, nuestro ritmo diario de altera y el bienestar de nuestra vida disminuye en gran medida.

persona sentada con depresión

  • ¿Todas las rumiaciones son negativas? 

El ser humano es capaz de pensar de forma constructiva, y sobre todo piensa con el fin de llegar a soluciones, de manera que se intenta dedicar un tiempo a algo que está siendo un problema para llegar a una resolución, lo que produce satisfacción, un logro y un punto y final al asunto en cuestión. Esta forma de crear una corriente cerrada con pensamientos que sólo lleva a crear más pensamientos y más angustia, afecta al objetivo primario de la cognición el cual sería obtener una respuesta o una solución a la problemática en sí, y lejos de esto, lo que se forman son nuevas preguntas y nuevos problemas, a lo que le podemos añadir también, la sensación de frustración y bloqueo, y por supuesto, la afectación secundaria que puede originar en las distintas áreas de nuestras vidas y en nuestro equilibrio emocional y físico.

Si estas rumiaciones no se frenan y se mantienen en el tiempo a modo de hábito, podemos obtener la consecuencia de una visión distorsionada de los acontecimientos, lo que nos llevará a tomar decisiones equivocadas, ya que éstas se basarán en algo que no es del todo real.

  • ¿Qué hago para escapar de esto? 

Ante todo hay que entender que los pensamientos son sólo eso, pensamientos, y depende de nosotros mismos, en gran medida el controlarlos. Por otro lado, hay que distinguir entre mis pensamientos y mi persona. De manera que yo soy el que creo mis pensamientos, no al revés.

Un buen ejercicio para poder llegar a comprender esto de manera global, sería por ejemplo, intentar mirar el pensamiento desde fuera, y preguntarme si ese pensamiento me ayuda en algo, o por el contrario me está obstaculizando. Así que si en principio la respuesta a esta pregunta es negativa, habrá que empezar a desecharlo de nuestra mente, y sustituirlo o transformarlo por otros que si aporten ayudas o soluciones, teniendo en cuenta que suelen funcionar de forma automática y volverán a ti de manera inesperada, hasta que hayas realizado un entrenamiento que les impida quedarse.

Cada vez que vengan, debes apartarlos de ti, usar tu propia racionalidad y alejarlo progresivamente de tu mente. A veces nos quedamos estancados en el mundo de “lo que podría pasar”, o de lo que pasó, y aquí nos encontramos ante hechos que no podemos controlar. Por el contrario, el momento presente, si está bajo nuestro control, podemos actuar sobre lo que está ocurriendo ahora mismo, y planificar mis pensamientos llevándolos al sitio en el que pueda visualizar una salida, como son soluciones para ellos. Hay que saber pensar de forma positiva tanto en el futuro como en el pasado, recuperando momentos ya vividos, pues de ahí venimos, y planeando el futuro a donde quiero llegar, y por supuesto, sin olvidar, vivir el presente, poniendo plena atención a todos los momentos y disfrutando de ellos. En determinadas ocasiones conseguir esto es difícil, y es en estos casos donde la figura del psicólogo se hace imprescindible para ayudarnos a encontrar la senda de nuestro camino.

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