Entrevista a Marcelo R. Ceberio, PSICONEUROINMUNOENDOCRINOLOGÍA

Marcelo-Ceberio

Desde Psiqueviva hemos tenido la gran oportunidad de entrevistar al psicólogo Marcelo Rodríguez Ceberio,  doctorado por la Universidad de Kennedy de Buenos Aires y la Universidad de Barcelona, con Másters en Terapia familiar y Psiconeuroinmunoendocrinología, así como estudios de terapia sistémica procedentes del MRI de Palo Alto, y formación complementaria en psicoanálisis, gestalt y psicodrama. El Dr. Ceberio es autor de numerosos artículos, prólogos, capítulos de libros y libros, contado con publicaciones junto a Paul Watzlawick y Juan Luis Linares.

En esta entrevista nos hemos centrado en conocer qué es y de qué trata la Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE), cuáles son los principales mecanismos involucrados y qué relación guarda con las emociones y los procesos de enfermedad. Para ello, el Dr. Marcelo R. Ceberio nos responde a nuestros interrogantes, informándonos sobre la dialéctica de esta nueva perspectiva.

¿Qué es la psiconeuroinmunoendocrinología? Y en ¿qué consiste? 

La PNIE ante todo es un modelo terapéutico. Puede definirse como un modelo epistemológico que reúne multiplicidad de variables provenientes de diferentes sistemas: psicológico, endócrino, inmunológico y nervioso. Digo que es un modelo epistemológico porque de hecho modela nuestra percepción del caso y permite una visión holística y compleja que aúna factores orgánicos y psicológicos.

No es un modelo que despliegue técnicas: no discrimina estrategias ni modos de intervención, pero permite construir hipótesis de notable complejidad y que permite enfocar el problema desde múltiples aristas que se sinergizan. Es un modelo sistémico que para entenderlo hace falta abandonar estructuras lineales, sino que esas mismas estructuras se interinfluencian y potencian en sus acciones, es decir, un episodio traumático vulnerabiliza a una persona y afecta encadenando modificaciones endócrinas y la secreción hormonal, resienten el sistema inmunológico y afecta el nervioso y toda su neutransmisión.

Desde la perspectiva de la Psiconeuroinmunoendrocrinología (PNIE), ¿podemos decir que se deja a un lado el dualismo mente-cuerpo que se ha mantenido durante años a favor de una interconexión entre los diferentes sistemas implicados (psicológico, neurológico, inmunológico y endocrino)? ¿Recupera la PNIE, una versión más holística y relacional de los procesos de enfermedad?

Absolutamente. PNIE desestructura la tan mentada dicotomía cartesiana. Obliga, por así decirlo, a pensar el objeto de estudio de una manera compleja y completa. Para el modelo PNIE es inconcebible dicotomizar, fraccionar el objeto en partes, analizarlo sumativamente. Siempre entiende el objeto en su contexto, una unidad somatopsíquica que entrelaza sistemas orgánico-psicológicos en suprasistemas que los contienen. Allí es donde la enfermedad o el síntoma, surge como una variable cualitativa resultante de múltiples sinergias que se producen de la interacción de varios sistemas simultáneos y sucesivos.

Estas son las razones básicas que hacen que una hipótesis de ninguna manera puede entenderse como un fenómeno objetivo, solo es una asociación de premisas, como señala Ronald Laing, de “captos” (en cambio de “datos”), de distinciones y puntuaciones arbitrarias trazadas por el ojo del observador. Fuerte estocada al narcisismo del investigador clásico, o para el terapeuta que creía en la acertividad objetiva.

¿Cuáles son los principales mecanismos involucrados que permiten la conexión entre estos sistemas? 

Hay un elemento que mancomuna todos los sistemas: la emoción. Las emociones y sentimientos son el punto de intersección de todos los sistemas. Nada parte de nada y todo parte de todo. Es un mecanismo recursivo de feed back entrelazados. Por ejemplo, las hormonas influencian y propician las conductas que determinan acciones y las acciones generan interacciones sociales. Un contexto que le otorga significado y que pauta que es lo que debe hacer (funciones sociales) activando el eje hipotalámico hipofisiario que favorece a la producción de esquemas cognitivos que establecen constructos.  Estos constructos gestan parcialmente un estilo de emocionar que determina cómo sentir. Esto activará la secreción de ciertas hormonas y tal secreción exige una estructura cerebral acorde a una conformación que sostenga tal circulación. Por supuesto que el sistema inmunitario se encuentra afectado en este proceso y más aún, principalmente por la acción del cortisol.  Esta secuencia puede alterarse o iniciarse por cualquiera de los tramos. Es decir, es UN TODO RECURSIVO INTERINFLUENCIABLE.

¿Cómo pueden llegar a influir los procesos mentales en nuestro estado de salud y enfermedad? 

Es imposible hoy dejar de aceptar que los procesos mentales influencian, producen, son efecto y causa de salud y enfermedad. Hay numerosas investigaciones científicas -en la actualidad más aún con las tomografías computadas y los resonadores magnéticos- que muestran como ciertas representaciones mentales crean realidades en nuestro cerebro con la consecuente segregación de hormonas o neurotransmisores. Los cognitivistas hacen una exploración y descripción interesantísima sobre los pensamientos automáticos, catastróficos y destructivos de la autoestima, y son estos pensamientos los que socavan la producción de serotonina. De hecho, son los pacientes depresivos los que son recetados con inhibidores de la recaptación de serotonina para incrementar en el espacio intersináptico el neurotransmisor.

Pero no debemos quedar entrampados en la linealidad: un dilema donde en el caso de los depresivos podríamos decir “baja la serotonina por esos se deprime o se deprime y baja la serotonina”, es como la frase sobre el miedo que realizaba un autor que en estos momentos no se me viene a la mente “corre porque tiene miedo o tiene miedo por eso corre”. Ni una cosa ni la otra. Esas son ecuaciones lineales que nos entrampan en causalismos unidireccionales provenientes de nuestro hemisferio izquierdo. Hoy comportamiento, neurotransmisión, emoción y pensamiento, se entrelazan e interinfluencian. Nuestro cerebro es un poderoso órgano que mediante la imaginación constituye realidades muy vívidas como de hecho sucede en el sueño. Si nosotros nos concentramos y elaboramos estructuras de pensamiento positivas, seguramente vamos a alentar un proceso de mejoría. No se trata de esoterismo ni magia. Si tomamos una medicación y si no la acompañamos de la fe que nos va a curar, seguramente el proceso de mejora enllentece.
¿Podemos intervenir conscientemente en nuestro sistema inmune? ¿Cómo es posible?

Se han realizado diferentes investigaciones que aplican ejercicios de relajación y meditación, mind fullnes, yoga, entre otras técnicas, con la finalidad de actuar sobre el sistema inmunitario. De ninguna manera debe entenderse que solamente estas técnicas bastan para reproducir en nuestro sistema inmune el ejército de células que actúan sobre el patógeno. Se trata de entender que somos un cuerpo y somos una mente absolutamente integrados e influenciados entre sí e influenciados por el contexto. Sistemas con sistemas, de sistemas, en sistemas.

Estoy hablando de una actitud de vida de cara a la vida y a la enfermedad. Las posturas positivas, de envisten a la vida con propuestas de evolución, crecimiento y bienestar, generan de cara a los procesos de enfermedad, resultado más eficaces que aquellas personas pusilánimes, negativas, cargadas con pensamientos automáticos que los contactan con quejas y autocríticas negativas.

¿Qué papel juegan las emociones en la PNIE?  

Ya señalé que las emociones constituyen el lazo común del sistema inmunitario, endocrino, nervioso y psicológico. Las emociones son fenómenos psicobiológicos que nos ayudan y han ayudado a la supervivencia. Debo decir que las emociones han sido bastardeadas por la sociocultura, enalteciendo a la racionalidad y la lógica, de la misma manera que el neocortex sepultó el arquicortex límbico considerado un polo emocional.

Las emociones, entonces, son una expresión genética, biológica y organizan respuestas motoras e  interconectan recíprocamente las áreas cognitivas, endocrinas e inmunitarias. Están atentas, por así decirlo, a los estímulos ambientales e influencian con acciones hacia ellos modificándolos. Tienen un papel relevante en las relaciones interpersonales tanto en la emisión como en la lectura de estados emocionales, por ejemplo, a través de la expresión facial, informan y regulan la interacción, ya que proporcionan información a los demás sobre nuestras intenciones y nuestra disponibilidad para actuar, como también nos informan a nosotros sobre la intencionalidad de los otros.

Quiero aclarar que llamo emociones a las básicas como el llanto, la sorpresa, el asco, el miedo, la alegría y la tristeza, el resto son sentimientos donde allí confluencian estados emocionales con cognitivos.

Tanto las emociones como los sentimientos desencadenan una serie de péptidos que representan estados emocionales. Este hallazgo fue descubierto por Candace Pert, una neurocientífica americana pionera en la investigación del receptor de los opiáceos y que, lamentablemente murió en el 2013 y que recién ahora se publicará su libro en español, llamado “Las moléculas de la emoción”, texto en el colaboré en la traducción y también prologué. Candace Pert ha escrito más de 250 publicaciones científicas y ha trabajado como jefa de sección de bioquímica cerebral en la rama clínica de neurociencia del NIMH [Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos). Ella observó que todas las moléculas poseen un aspecto de vibración de energía y otro de partícula o fisiológico. En el plano fisiológico, las moléculas de las emociones se desplazan por todo el cuerpo y navegan por el espacio intercelular funcionando como ligando en el intento de encajar en los receptores de las células, al igual que una llave en la cerradura correspondiente. Cuando esto sucede, producen un cambio químico y energético en la célula. Lo magnífico y sorprendente es que estas moléculas de las emociones afectan a todas las células del cuerpo.

Por esta descalificación hacia el mundo emocional al que aludía anteriormente, todavía la neurología y la medicina en general, y la psicología aluden al sistema límbico como un centro emocional (amígdala, hipotálamo, hipófisis, etc.). Pero el hallazgo de Pert y su equipo fue descubrir que esas moléculas, por ejemplo las endorfinas y sus receptores se encontraban distribuidas en diferentes partes del organismo. Los péptidos de la emoción se encuentran en el sistema inmunitarios, en el aparato digestivo, en la médula, en las células adiposas, también se encuentran efectivamente en las partes del cerebro relacionadas con las emociones, es decir, es cierto que el límbico es un polo cerebral emocional, pero porque allí se halla una gran cantidad de receptores de péptidos. De esta manera Pert observa que existe un entramado de comunicación a través del cual todo el cuerpo responde a una emoción concreta. Mientras que antes creíamos que las emociones sólo nos afectaban psicológicamente, ahora resulta se entiende que nos afectan físicamente.

¿Se podría explicar desde esta perspectiva los casos de dependencia emocional? 

Claro que sí, o al menos es la hipótesis que desarrollo. De acuerdo a lo que te planteé en la pregunta anterior podría decir que una situación genera una emoción determinada, esta emoción produce una serie de péptidos que calzan en ciertos receptores que se activan en el espacio intercelular. Cuando estos receptores se activan, tal como se activan en la ingesta de drogas, “necesitan mantenerse vigentes”, con los cual es necesario el consumo regular. Esta sería una base de la adicción a las drogas, netamente orgánica, más allá de los elementos psicológicos. Cuando se interrumpe el consumo, la persona pasa por un síndrome de abstinencia. Allí los receptores de membrana “desesperan” por la falta del ligando de la droga específica, que podríamos llamarla hetero-droga.

Pero el mismo proceso es desarrollado por nuestras “autodrogas”, es decir, por las producidas por nuestro propio organismo. Es el caso de las endorfinas, tan segregadas en el deporte, que ésta sana adicción si es interrumpida genera abstinencia con síntomas parecidos a los de la abstinencia. Una vía intermedia es la misma adicción al juego, cuya acción de jugar y el riesgo que incluye produce una clara adicción a la adrenalina, su interrupción hace que la persona se desespere. Desde esta perspectiva, en el caso de los péptidos emocionales, la teoría de Pert daría explicación a la tan mentada “compulsión a la repetición” freudiana y al concepto de “recaída” que los Paloaltinos tan claramente han descripto. O sea, una situación genera una serie de emociones se regularizan en la medida que la situación perdura. La constancia de los péptidos emocionales generan los receptores de membrana y se produce una adicción no solo a los péptidos sino a la situación que genera la emoción que los produce. Por tal razón es necesario reiterar la situación, repetir aunque nos proporcione malestar.

En mis investigaciones fui más allá. Me pareció que leer desde esta faceta biológica era solamente una parcialidad. Razón por la cual desarrollé lo que di en llamar la ecuación de la resistencia al cambio. Esta ecuación analiza 4 variables: la frecuencia del síntoma, la intensidad (de 0 a 100), la cantidad de síntomas y el tiempo. Este resultado conecta con cuatro inercias, son cuatro factores inerciales que completan esta tendencia a repetir, uno de ellas es la que analiza Pert que forma parte de una inercia neurobiológica. Hay una inercia sistémica, generada por la situación que termina construyendo un sistema con sus peculiaridades, sistema que se estereotipa atrapando a la persona. Por lo tanto, frente a la constitución de un problema o a una situación problemática, se construye una forma de intentar solucionarla que dada su ineficacia termina edificando un sistema. Una vez que se ha confeccionado el sistema da inicio a una serie de interacciones y formas de comunicación que sostienen funciones, reglas y todo un código que rige las relaciones y el funcionamiento general.

Al mismo tiempo, se desarrolla una tercer inercia, la cognitiva, o sea la forma en que se procesa la información se haya sistematizada en un efecto “cascada o dominó”, ensayando el más de lo mismo en la forma de pensar el problema y en la forma de resolverlo, más allá de la ilación de pensamientos automáticos que se encadenan lacerando la autoestima en la medida que el problema no se resuelve y termina dominando la vida de la persona. La cuarta inercia es la emocional. Las emociones son identitarias: el tono emocional y el humor que nos caracteriza se halla sistematizado en nuestra vida. El surgimiento de las emociones que merodean a la situación y que activan una serie de neuropéptidos, crean receptores de membrana que esperan el péptido específico en el espacio intercelular. Con lo cual volvimos al punto de inicio.

Estas cuatro inercias son recursivas y se potencian sinergizándose y todas colaboran a la tendencia a repetir y a recaer. Si en el decurso de las sesiones terapéuticas se suprime o resuelve la situación-problema, se bloquean la forma de procesar la información y las emociones subsecuentes, razón por la que se suprime la producción de los péptidos asociados a las emociones dejando a los receptores de membrana “sedientos” y a la espera de abastecimiento. Reiteramos, este efecto no es ni más ni menos que el llamado “síndrome de abstinencia”.

La debacle inercial impide resistiendo el cambio que si se produce, venciendo a la resistencia, es factible que haya recaída: el sistema buscará reencontrarse con los parámetros conocidos: sistémico (el sistema con sus características le proporciona una identidad a los integrantes), cognitivo (reiterando esquemas, valores, formas de proceso de información), emocional (el tono, las emociones conocidas e identitarias) y por último, la inercia neuroquímica (el neuropéptido ligado a un receptor de membrana).

En conclusión y uniendo las cuatro inercias: la situación genera una serie de pensamientos anticipatorios negativos y las emociones subsecuentes, y éstas producen neuropéptidos acordes. No obstante la secuencia no opera con tal linealidad. Los pensamientos negativos crean la situación / la situación genera emociones y las emociones pensamientos negativos / las emociones crean situaciones y las situaciones pensamientos negativos / los neuropétidos producen emociones y éstas crean situaciones, etc. En síntesis, un todo recursivo de interinfluenciabilidad. Es decir, un todo inercial del cual es muy dificultoso salir, más aún, desde las dos observaciones clínicas que operan como llave efectora y que favorecen el sostén de la inercia generando resistencias al cambio que son: la baja autoestima y las soluciones intentadas fracasadas.

¿Puede producir la vivencia de una experiencia conflictiva o traumática cambios orgánicos? 

Por supuesto. Si estamos decididos a desestructurar la dicotomía cartesiana, es inevitable que cualquier situación nos afecta en un todo. La vivencia, como bien dices, -puesto que es una situación particular y atributiva semántica- vulnerabiliza a la persona. Y la vulnerabilidad se produce en contextos que nos laceran íntimamente, nos lastiman nuestra autoestima y por ende, no afecta nuestro sistema inmunitario. También un episodio traumatizante produce una crisis en el protagonista que eleva niveles de cortisol y adrenalina, con lo cual estamos en presencia de factores estresores que incrementan la vulnerabilidad original.

Si además tenemos en cuenta que una situación traumática nos llena de malestar, rabia, angustia, tristeza, es de esperan que desciendan los niveles de serotonina, por lo tanto estamos en presencia de un cuadro del cual es dificultoso salir. Los pensamientos negativos también nos acucian y vulnerabilizan e incrementan la falta de serotonina. Ni que hablar la factibilidad del desajuste de interacciones en nuestro sistema. Otra vez nos encontramos con el cuadro de cuatro inercias.

Los síntomas emergentes se constituyen en la denuncia de la disfuncionalidad. En ese caso, la acción oportuna de la psicoterapia puede torcer el timón de la dirección de la catástrofe, para no procrear daños orgánicos y psicológicos aún peores.

¿Cómo podemos observar el fenómeno del estrés desde la PNIE?

Una de las principales especialidades  que se han estudiado desde PNIE justamente es el estrés. Y es una buena oportunidad que me das para que afirme que el estrés está un tanto banalizado. De la misma manera, que la depresión ha alcanzado a constituirse en un término de la sociocultura, o la misma sintomatología del pánico, que tienden a interpretarse equívocamente, más bien superficialmente, el estrés es una patología grave. Podría decirte que es la enfermedad del siglo XXI. Si bien el estrés es un fenómeno natural que se produce en nuestro organismo frente a situaciones de cambio, por ejemplo, resulta estresante cuando hay 40º a la sombra y entramos en un shopping refrigerado y la cadena de frío nos cae en la misma entrada. Ese cambio abrupto nos estresa.

Pero el estrés emocional o psicológico es la puerta de entrada a todas las enfermedades. Si el cortisol es el combustible que nos despierta y activa, y es segregado por la glándula suprarrenal, estimulada en el sistema portahipofisiario, la sobrecarga tensional en contextos que hiperexigen llevarían a abusar de la actividad del eje hipotalámico hipofisiario suprarrenal, en pos de segregar el cortisol suficiente para el afrontamiento de la situación. En pos del equilibrio y con finalidad adaptativa el mecanismo que llamó McEwen “alostasis”, es el que regula o posibilita llegar a una homeodinamia –un equilibrio en movimiento- mal llamado homeostasis, un equilibrio estático.

Esta hiperactividad del eje crea un estado alostático y al final crea o sedimenta una carga alostática afectando al organismo entero, emocional y orgánicamente. Tal cual un auto que permanentemente circula a 200 km por hora, es inevitable que ese motor se dañe. Cuando no decimos NO a tiempo o no colocamos los límites adecuados el síntoma es la señal de alarma que termina colocando los límites por nosotros mismos: isquemias miocárdicas, contracturas severas, enfermedades autoinmunes, úlceras grastroduodenales, gastritis, etc., operan como factor de freno. De todos ellos el síntoma estrella es la depresión, tratándose entre otros fármacos con IRSS (inhibidores de recaptación de serotonina). Como se observa, una visión holística PNIE del estrés, es entenderlo como un fenómeno de alta complejidad.

1 comentario

  1. El artículo es altamente informativo, educativo y formativo. Nos es es esencial adentrarnos un una psicoeducación personal para tomar conciencia plena de cómo “alimentamos” sistemáticamente nuestra mente, por ende, cómo toman posesión de nuestra vida y nuestro cuerpo los pensamientos negativos sucediéndose efectos devastadores en nuestra vida: cuerpo- mente. En occidente no hemos tenido la cultura de conectarnos amorosamente con nosotros mismos, si lo hacemos espiritualmente, olvidamos lo demás, si nos ocupamos del cuerpo, olvidamos la mente y nunca nos integramos de forma equilibrada, todo se convierte en un sufrimiento que atendemos de manera separada: trabajo desgastante. Desde Fundación Salud (Drs.Stella Maris Marusso),Bs As, ha llegado a mi vida y de muchos, esta manera de enfocarnos en una vida plena, saludable: podemos cambiarnos, cambiar el mundo…y ser felices realmente. si nos “rehacemos”, rehacemos ese mundo .Vale la pena! somos seres maravillosos. somos todo:esa mente, ese cuerpo, ese espíritu! se puede armonizarlo y hacer que la vida tenga sentido verdadero. debemos hacerlo! Esta neurociencia es un maravilloso regalo que no podemos dejar de conocer: cuando todo parece perderse, una nueva puerta se abre: es esta, no tengo dudas. gracias!

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