El bosque de las emociones

En el bosque de las emociones habitan duendes, seres que hacen del bosque un lugar rico y diverso. Cada uno de esos duendes son las emociones que nos acompañan en nuestra andadura por la vida, allá donde vayamos y en las decisiones que tomamos.

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 Algunos duendes son más malignos que otros, pero aún los más malignos son necesarios. Así, estamos encantados cuando nos acompaña la alegría, viste de blanco e irradia energía y felicidad. Es una maravilla tener a este duendecillo junto a nosotros.

 Pero cuando se posa en nuestras vidas el que viste de negro y nos transmite negatividad y pesimismo, ¿Qué sucede? Podemos aceptar que se quedará por un corto espacio de tiempo, tal vez un día o unas horas, o podemos luchar contra él. En ocasiones la lucha hace más grande al duende temido, y acomodarlo junto a nosotros, puede hacer que se quede de por vida, es por ello que hay que tener cuidado de no mimarlo demasiado.

Alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y aversión son las emociones básicas. Todas tienen una función en nuestra vida, por eso no podemos evitar ni rechazar su aparición.

La alegría nos hace sentir bien, descubrir nuevas cosas y mirar con una sonrisa al mundo. La tristeza supone un momento de crisis emocional que nos ayuda a reflexionar sobre nuestra vida. El miedo nos alerta de peligros que pueden dañarnos. La sorpresa nos orienta hacia nuevas situaciones.

En muchas ocasiones escuchamos o leemos mensajes del tipo “Sonríe”, “No estés triste”, “Hay que ser feliz” Y es cierto, debemos ser felices pero también debemos concedernos momentos de tristeza, soledad y llanto. Levantarnos por la mañana tristes y aceptar que HOY me va acompañar el duende de la tristeza. Pero haremos un trato con nosotros mismos y no nos quedaremos inmóviles ante él. Saldremos, haremos cosas, leeremos, pasearemos y visitaremos a un amigo, porque acepto al duende de la tristeza, la ira o el miedo en mi vida pero no acepto que me paralice en mis actividades diarias. Eso es darle demasiado poder y ninguno de esos duendes lo tiene.aaa

Hablamos de inteligencia emocional cuando nos referimos a la habilidad para conocer y moldear nuestras emociones según las situaciones de la vida.

En la infancia no se nos educa en el conocimiento y la regulación de las emociones, es por ello, que hoy, cada uno de nosotros tiene que hacer un esfuerzo mayor para ser inteligentes emocionalmente.

Podemos denominar “ventilación emocional” al hecho de exteriorizar nuestras emociones. Cuando guardamos aquello que sentimos estamos creando un cofre lleno de oscuridad que cada vez es más difícil limpiar y sanear. Exterioriza tus alegrías, preocupaciones, miedos o fracasos.

Si es difícil para ti contárselo a otra persona puedes escribirlo en un diario. Lo importante es sacar fuera de nosotros aquello que nos atormenta para que no consiga interferir en nuestra vida.

Y sobre todo, saber que el control de nuestras emociones es nuestro, la regulación y el equilibrio está en nuestro interior por eso hay que hacer un trabajo con nosotros mismos. Cuando decimos “Me hizo sentir mal” estamos atribuyendo la responsabilidad a un tercero, sin embargo, no nos damos cuenta de que si nos sentimos mal fue porque nosotros lo quisimos, porque nosotros hemos interpretado la situación de forma negativa.

Matizar nuestro lenguaje también es una habilidad emocional, así por ejemplo decir “Me encuentro un poco desanimado por mi suspenso” en vez de decir, “Estoy fatal”. Caer en el tremendismo y la dramatización hace aumentar al duende de la frustración y la tristeza.

Animo a todas las personas interesadas en este tema a leer el libro “Inteligencia emocional” de Daniel Goleman. Encontraran en él ejemplos prácticos para aplicarlos en su día a día y conseguir vivir de forma más plena.

                              ¡Hoy seré el maestro de mis emociones!

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Sobre Laura Torres García 6 Artículos
Psicóloga clínica y redactora.

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