Trabajar en pro de la pareja

Por Mateo · Fundador y editorActualizado el 16 de octubre de 2026 · 5 min de lectura
Con referencias científicas
Trabajar en pro de la pareja

"La relación perfecta es aquella en la que no hay discusiones". Sabiamente, el autor Tal Ben Shahar explica en su libro "La búsqueda de la felicidad" la importancia de las discusiones en la pareja para poder lograr así una evolución.

Conflictos en la pareja

La respuesta nunca está en los extremos, igual de imperfecta es una relación en la que nunca hay una sola diferencia como la relación instalada en la queja y la guerra.

Es probable que alguien que esté leyendo esto piense que no es verdad, que ella/él tiene una relación modelo y que, en efecto, nunca discute. Mi intención no es hablar de las grandes discusiones que acaban en tonos de voz elevados para poderse oírse el uno al otro, trata de las diferencias. Puesto que somos seres individuales cada uno de nosotros tenemos un temperamento particular. A ese temperamento hay que sumarle todas las experiencias de vida por las que ha pasado cada una de las personas, desde la educación, entrenamientos, las tardes con los amigos, el tiempo compartido con la familia...

Si tenemos en cuenta las diferencias individuales entenderemos que somos personas diferentes con gustos diferentes, con valores diferentes, con formas de actuar diferentes. Seguramente coincidamos en muchas de estas diferencias, pero no en todas; y es en esas diferencias donde puede surgir el conflicto entre la pareja.

"Cada uno es como es" supone una afirmación acertada para con uno mismo, le da seguridad al saberse dueño de una identidad definida. Ahora bien, el conflicto surge cuando hay que convivir con otra persona con la que mantienes una relación estrecha y, sobre todo, íntima.

Ser como uno es en una relación tiene dos caminos

-Este primer camino es el que está orientado hacia la pareja. Yo soy así, con ciertos valores arraigados en mí pero con actitudes que soy capaz de modificar  para trabajar en pro de la pareja.

-El otro camino supone creer la afirmación "Yo soy así" a pies juntillas. Esto sólo generará conflicto una y otra vez, frustración, incluso ira.

Imaginemos seguir el segundo camino, ¿qué le quedaría a nuestra pareja? Luchar sola, y vivir auténticos momentos de frustración y desmotivación. Sentiría una descompensación absoluta entre lo que ella da y lo que recibe, así como el sentimiento de lucha unilateral por mantener a flote el barco que poco a poco ha empezado hundirse.

En una relación el balance general que debemos obtener es que nos está sumando, no restando. El hecho de aguantar y acumular desemboca en una relación insana. Los hechos hay que hablarlos y discutirlos, exponer los puntos de vista de cada una de las partes -aunque sean diferentes- y, sobre todo, intentar llegar a un punto medio, empatizar con tu pareja, entender que independientemente de cómo tú sientas también puedes entender cómo siente la otra persona. El ponerse los zapatos del otro durante unos minutos nos ayudará a comprender cómo es y conectar con él.

La flexibilidad como herramienta clave en la pareja

Cuando dos personas deciden compartir su vida, surge la necesidad de encontrar un equilibrio entre ser fieles a uno mismo y adaptarse al otro. Esta flexibilidad no implica renunciar a la propia identidad, sino elegir modificar ciertos comportamientos que puedan dañar la relación sin que ello suponga un esfuerzo constante o una pérdida de autenticidad.

La rigidez, por el contrario, suele generar un patrón repetitivo de desencuentros. Cuando una persona se aferra a la idea de “yo soy así y no voy a cambiar”, está cerrando la puerta a la colaboración. La pareja, entonces, puede sentir que carga sola con el peso de la relación, lo que con el tiempo erosiona la motivación y la ilusión.

La flexibilidad saludable se basa en distinguir qué aspectos de nuestra forma de ser son innegociables (valores profundos, límites personales) y cuáles pueden ajustarse por el bienestar común. Este ajuste consciente es, en realidad, una muestra de madurez emocional y de compromiso real con la relación.

Cómo mejorar la comunicación en los momentos de diferencia

Hablar de las diferencias no siempre resulta sencillo. Muchas veces, el miedo a herir al otro o a iniciar una discusión nos lleva a guardar silencio y acumular malestar. Sin embargo, el silencio prolongado suele ser más dañino que una conversación incómoda pero honesta.

Una forma útil de abordar las diferencias es elegir el momento adecuado, cuando ambos estén calmados y con disposición para escuchar. Expresar cómo nos sentimos utilizando un lenguaje en primera persona (“me siento…”, “necesito…”) reduce la posibilidad de que el otro se ponga a la defensiva. Escuchar activamente, sin interrumpir ni preparar ya la respuesta, es igual de importante.

El objetivo no es ganar la discusión, sino entender el punto de vista de la pareja y buscar soluciones que beneficien a la relación. Esta actitud transforma el conflicto en una oportunidad de conocimiento mutuo y de crecimiento conjunto.

El papel de la empatía en la convivencia diaria

La empatía consiste en la capacidad de comprender cómo se siente la otra persona, aunque su forma de ver las cosas sea distinta a la nuestra. No significa estar de acuerdo con todo, sino validar que su experiencia emocional es real y merece ser tenida en cuenta.

En la vida cotidiana, pequeños gestos de empatía pueden marcar una gran diferencia: reconocer el esfuerzo del otro, agradecer las cosas positivas que hace y mostrar interés genuino por sus preocupaciones. Estos comportamientos crean un clima de seguridad emocional en el que ambos se sienten valorados.

Cuando surge un desacuerdo, detenerse unos instantes e intentar “ponerse en los zapatos del otro” ayuda a reducir la intensidad emocional y favorece la búsqueda de acuerdos. La empatía no solo previene muchos conflictos, sino que fortalece el vínculo afectivo a largo plazo.

Cuándo es necesario buscar ayuda externa

A veces, a pesar del esfuerzo individual y conjunto, las dificultades se repiten y la pareja se siente estancada. En estos casos, acudir a un profesional de la psicología especializado en terapia de pareja puede ser una decisión muy valiosa.

La terapia ofrece un espacio neutral donde ambos pueden expresarse con seguridad, aprender nuevas herramientas de comunicación y entender patrones de interacción que quizá no son visibles desde dentro. No es un signo de fracaso, sino de responsabilidad hacia la relación.

Si sientes que el malestar persiste, afecta tu bienestar emocional o el de tu pareja, o si notas que los intentos de solución no funcionan, pedir ayuda profesional es una opción recomendada y constructiva.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR, 5.ª ed., texto rev.). Editorial Médica Panamericana.
  • Belloch, A., Sandín, B., & Ramos, F. (Eds.). (2020). Manual de psicopatología (3.ª ed.). McGraw-Hill.
  • Gottman, J. M., & Silver, N. (2015). The seven principles for making marriage work. Harmony Books.
  • Beck, A. T. (1988). Love is never enough. Harper & Row.
  • Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

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  1. Masi dice:

    Discutir hmmuchas veces hace crecer la relacion

  2. Sara Martín dice:

    Eso es, hace evolucionar la relación. Pero hay que andar con pies de plomo ante esto y tener cuidado con los extremos, discutir asiduamente no correlaciona con el carácter "evolucionador" del que venimos hablando.

    Un saludo

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