Trabajar en pro de la pareja

Trabajar en pro de la pareja

“La relación perfecta es aquella en la que no hay discusiones”. Sabiamente, el autor Tal Ben Shahar explica en su libro “La búsqueda de la felicidad” la importancia de las discusiones en la pareja para poder lograr así una evolución.

Conflictos en la pareja

La respuesta nunca está en los extremos, igual de imperfecta es una relación en la que nunca hay una sola diferencia como la relación instalada en la queja y la guerra.

Es probable que alguien que esté leyendo esto piense que no es verdad, que ella/él tiene una relación modelo y que, en efecto, nunca discute. Mi intención no es hablar de las grandes discusiones que acaban en tonos de voz elevados para poderse oírse el uno al otro, trata de las diferencias. Puesto que somos seres individuales cada uno de nosotros tenemos un temperamento particular. A ese temperamento hay que sumarle todas las experiencias de vida por las que ha pasado cada una de las personas, desde la educación, entrenamientos, las tardes con los amigos, el tiempo compartido con la familia…

Si tenemos en cuenta las diferencias individuales entenderemos que somos personas diferentes con gustos diferentes, con valores diferentes, con formas de actuar diferentes. Seguramente coincidamos en muchas de estas diferencias, pero no en todas; y es en esas diferencias donde puede surgir el conflicto entre la pareja.

“Cada uno es como es” supone una afirmación acertada para con uno mismo, le da seguridad al saberse dueño de una identidad definida. Ahora bien, el conflicto surge cuando hay que convivir con otra persona con la que mantienes una relación estrecha y, sobre todo, íntima.

Ser como uno es en una relación tiene dos caminos

-Este primer camino es el que está orientado hacia la pareja. Yo soy así, con ciertos valores arraigados en mí pero con actitudes que soy capaz de modificar  para trabajar en pro de la pareja.

-El otro camino supone creer la afirmación “Yo soy así” a pies juntillas. Esto sólo generará conflicto una y otra vez, frustración, incluso ira.

Imaginemos seguir el segundo camino, ¿qué le quedaría a nuestra pareja? Luchar sola, y vivir auténticos momentos de frustración y desmotivación. Sentiría una descompensación absoluta entre lo que ella da y lo que recibe, así como el sentimiento de lucha unilateral por mantener a flote el barco que poco a poco ha empezado hundirse.

En una relación el balance general que debemos obtener es que nos está sumando, no restando. El hecho de aguantar y acumular desemboca en una relación insana. Los hechos hay que hablarlos y discutirlos, exponer los puntos de vista de cada una de las partes -aunque sean diferentes- y, sobre todo, intentar llegar a un punto medio, empatizar con tu pareja, entender que independientemente de cómo tú sientas también puedes entender cómo siente la otra persona. El ponerse los zapatos del otro durante unos minutos nos ayudará a comprender cómo es y conectar con él.

Sobre Sara Martín 4 Artículos
Psicóloga Colegiada, nº M-26543. Licenciada en Psicología y Experta en Análisis e Investigación criminal (Máster en Ciencias Forenses) Formada específicamente en intervención de la ansiedad, depresión, trastornos de alimentación (Anorexia nerviosa y Bulimia, y Prevención de la insatisfacción corporal y Trastornos de la Conducta Alimentaria). Titulada en Grafología. He colaborado con ASPASI (Asociación para la Sanación y Prevención del Abusos Sexual Infantil) realizando conferencias escolares de prevención y trabajando en el Grupo de Ayuda Mutuo, y en la Cruz Roja en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Niño Jesús. Actualmente ejerzo como Autora/Redactora en Psique Viva y como Autora en el periódico digital El Pulso. Psicóloga con consulta privada (www.thaipsicologia.com)

2 Comentarios

  1. Eso es, hace evolucionar la relación. Pero hay que andar con pies de plomo ante esto y tener cuidado con los extremos, discutir asiduamente no correlaciona con el carácter “evolucionador” del que venimos hablando.

    Un saludo

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