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Estrés: tipos, causas y síntomas, soluciones

10 enero, 2020
estres

El estrés es uno de los mecanismos con los cuales contamos como respuesta de defensa del cuerpo para la supervivencia. No obstante, cuando esta carga de tensión comienza a superar ciertos valores y se sostiene en el tiempo, el estrés puede ser la razón de diferentes síntomas patológicos. Es decir que continuos dolores de cabeza, insomnio, falta de energía o una baja en el desempeño laboral pueden ser la cara visible del estrés y, sin embargo, creemos que se trata de otra enfermedad.

Cuerpo y mente se ven sometidos a un estado patológico donde sus efectos alteran toda nuestra cotidianeidad y no hay remedio que pueda curar si no damos en tecla. Por ello, es necesario diferenciar los tipos de estrés que podemos desarrollar y cómo abordarlos.

Estrés Laboral: Causas y síntomas

En la actualidad también se lo conoce con el término en inglés burn out. No importa cómo lo nombremos, en ambos casos implica un agotamiento del sistema nervioso, el cual se manifiesta a través de los siguientes síntomas: cansancio, dificultades para  la concentración, alteraciones con el sueño puede ser insomnio, pero también hipersomnia, irritabilidad y anímicamente tristeza.

Cuando la tensión laboral es cotidiana, ya sea por sobrecarga en el trabajo, asumir responsabilidades que nos sobrepasan, o cuando la vara está puesta muy alta para alcanzar el éxito y sentimos que cada día fracasamos; cuando las relaciones laborales en lugar de tratarse con camaradería hallamos la competencia, nuevos síntomas nos acompañan a trabajar. Es decir que no poder responder desde otro lugar, es el cuerpo quien termina manifestando las dolencias. Además de las mencionadas podemos agregar problemas intestinales, musculares desde contracturas y dolores hasta migrañas.

Estrés

Cambios en la rutina laboral

No hay soluciones unánimes, pero sí hay diferentes opciones que ayudan a mejorar nuestra calidad de vida. Específicamente en el marco del trabajo podemos mencionar: realizar diferentes cortes durante la jornada. De esta manera “desconectamos” por un rato para descansar mentalmente y volver con mayor atención a nuestras tareas. Otra técnica es resaltar las tareas realizadas para entonces encarar las pendientes con mayor entusiasmo. También fomentar que el clima laboral sea lo más ameno posible y evitar aquellos que predican la competencia desmedida. Definitivamente, estas acciones implicarán un cambio positivo y sus resultados serán efecto de nueva energía.

Estrés postraumático

En este caso el estrés se desencadena a partir de la experiencia de una situación atemorizante. Es decir una vivencia o un acontecimiento aterrador: un robo, un accidente doméstico o vehicular, un secuestro, cualquier situación que hay puesto en riesgo nuestra integridad vital.

Síntomas postraumáticos

La mayoría de las personas relatan que los síntomas incluyen pesadillas que escenifican lo vivenciado, recuerdos repentinos que acechan la vigilia, frente a estímulos cotidianos responden exageradamente y a su vez, todos ellos desencadenan síntomas corporales como sudoración, taquicardia, tensión muscular, respiración entrecortada e incluso nauseas. De esta manera las personas desarrollan ataques de ansiedad por miedo a que lo que les pasó, vuelva a suceder.

Aceptación para estrés

Consulta médico-psicológica

Este tipo de estrés requiere necesariamente una consulta psicológica o psiquiátrica, ya que es necesario un tratamiento donde se pueda analizar lo sucedido, qué es aquello que no da más miedo y cómo resolverlo. No es un camino recto, pero sí el único con la posibilidad de evitar la somatización. En algunos casos, la medicación psiquiátrica será el pie que acompañe nuestra cotidianeidad durante un tiempo para poder descansar mejor y así tener la energía para poder pensar y hallar soluciones a los miedos. La desorganización emocional es tal que afecta incluso a la cognición, de allí la importancia de tratar este tipo de estrés con los profesionales de la salud mental.

Estrés académico o universitario

La vida estudiantil también enfrenta sus tensiones: exámenes orales y escritos, bibliografía compleja y extensa, trabajos y presentaciones. Todo ello implica la observación y evaluación no sólo de los docentes, sino también de los pares. Tal exposición conlleva diferentes síntomas que pueden volverse crónicos. La ansiedad que se desarrolla antes de rendir un examen puede acarrear desde problemas digestivos, nauseas, tartamudeo, sudoración excesiva hasta paralización. Pero también se observa falta de apetito, pérdida de cabello, insomnio, dolores de cabeza por el esfuerzo mental, estados de ánimo cambiantes, entre otros.

Abandonar la carrera

En el peor de los casos, tal convergencia de síntomas puede llevar a una persona a desistir de la carrera, es decir que para evitar todos esos síntomas, evitan las situaciones que la provocan. En otros casos, entienden que son los nervios propios de la situación y que una vez que el examen terminó, con él se van aquellos síntomas.

Pero volviendo a los peores casos, es necesario tomar otras decisiones antes de que dejar la carrera. Es menester recurrir a especialistas que nos ayuden a comprender qué de estas situaciones desencadenan tales síntomas. Buscar el nudo de los males para entonces poder desenredarlo y continuar con el plan original, la carrera universitaria. En algunos casos tendrá que ver con un docente en particular. En otros, con la situación de evaluación y tal vez con la exposición en sí. Sea cual sea el motivo, no podemos permitir que un obstáculo corte el camino; habrá que buscar las alternativas, pero seguir en el mismo rumbo.

Vivir con estrés

Como lo explicamos en el inicio, el estrés es una respuesta positiva en tanto permite que sobrevivamos dado que es una respuesta que nos ayuda a estar alertas. Es por ello que no debemos entenderlo sólo desde el lado negativo. Sin embargo, tampoco podemos distraernos cuando nuestro cuerpo comienza a producir síntomas que en lugar de mantenernos atentos, nos generan males.

Es cierto que hoy en día la vida se ve alterada por demandas diversas tales como el aprendizaje continuo de nuevas tecnologías, la sobreexposición en las redes sociales y, con ellas, la exigencia similar de felicidad, pero también de éxito familiar, laboral, físico y anímico. Debemos encontrar un camino personal donde podamos hallarnos cómodos con lo que somos y vamos construyendo. Pero dentro de la cotidianeidad, hay situaciones que nos exceden y por ello es necesario buscar cuáles son las soluciones para que ese exceso baje y sea saludable: ejercicio diario, dieta variada, control médico, consulta psicológica son algunas acciones que colaboran al estrés saludable.