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El poder de la situación: experimento de Lewin sobre el liderazgo

21 enero, 2020
Experimento de Lewin

En este experimento de Lewin, se muestra cómo la situación y las circunstancias a las que estamos sometidos pueden determinar  un estilo de liderazgo concreto, una forma de actuar adecuada a la situación social en la que se vive en ese preciso momento.

Siendo mucho más fuerte de esta manera la situación, el contexto social, al comportamiento individual y los rasgos de la personalidad. Puesto que nos adaptamos a las circunstancias que nos resultan inevitables controlar, así pues, de esta manera, somos un producto del entorno y contexto social en el que nos vemos involucrados.

Experimento de Lewin sobre el liderazgo

Experimento de Milgram

Satnley Milgram fue un psicólogo estadounidense, también estudió Ciencias Políticas, nacido en 1933 en la ciudad de New York. Su experimento más célebre es aquel sobre la obediencia a la autoridad. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Milgram reflexiona sobre el juicio que se lleva a cabo en Jerusalén a Adolf Eichmann.

Adolf Eichmann fue juzgado y sentenciado por los crímenes a la humanidad realizados al ser el encargado principal de organizar los traslados de los judíos a los campos de concentración. Milgram se pregunta: ¿Es que acaso Eichman simplemente obedecía órdenes? Es decir, que él no podía desobecer aunque el fin fuese el más terrible. Y entonces, sería que la sociedad alemana tendría una característica particular para que esto sucediese. Es decir, que los alemanes poseyeran una relación para con la autoridad irreplicable en otros países.

Estas dudas, acompañadas de un interés psicológico, pero también social y por ende de envergadura cultural, lo llevan a realizar un experimento en Estados Unidos para dar respuestas a sus interrogantes.

Experimento: Los Sujetos

Convocan a voluntarios colocando carteles en las paradas de colectivos. La convocatoria detalla que se trata de un estudio sobre la memoria y el aprendizaje y que se les pagará por participar un  monto detallado. Los seleccionados son personas entre veinte y cincuenta años, de diferentes clases sociales y con diferencias en su alfabetización. Es decir que se hallaban desde jóvenes sin educación universitaria, estudiantes de la universidad e incluso profesionales.

Para cada experimento se requerirá de tres personas: el voluntario representará el rol del “maestro”, “el experimentador” -aquel que realiza el estudio-, es decir el investigador, y por último, el “alumno”. Este es cómplice del investigador, pero se hace pasar como otro voluntario más.

Experimento: procedimiento

En primer lugar, para sostener la credibilidad de los roles, el experimentador le pide a sus dos “voluntarios” que tomen un papel para ver qué rol les toca. Justamente, el cómplice del investigador siempre dirá que es “alumno” y así el rol unívoco para el real voluntario será el del “maestro”.

Una vez designado los roles, se explican las funciones. El maestro quedará separado del alumno en dos habitaciones continuas y divididas por un vidrio, es decir que pueden verse. El alumno debe sentarse en una silla eléctrica, se le atan las manos para evitar cualquier movimiento brusco. Y mientras el “maestro” observa y escucha le continúan diciendo al “alumno” que van a colocarle electrodos sobre el cuerpo y, para evitar quemaduras, se pondrán con un poco de crema y que si bien las descargas eléctricas pueden llegar a niveles altos y por ende sentir dolor, en ningún caso implicarán daños irreversibles. Para comprobar la realidad de las descargas, se les realiza a ambos una pequeña. Sobre todo para que el “maestro” compruebe el castigo que recibirá ocasionalmente el “alumno”.

Entonces el experimentador les dice a ambos que todo será filmado y así no podrán negar lo sucedido.

Finalmente, el “investigador” le da al “maestro” una lista de palabras que el “alumno” debe aprender. El “investigador” se queda en la habitación con él. La propuesta es una lista de palabras que lee el “maestro” al “alumno”. Son pares de palabras. Luego el “maestro” le leerá sólo la mitad de los pares y le dará cuatro oportunidades para que el “alumno” responda a través de un panel donde presiona la opción correcta. En caso de serlo, se continúa a la siguiente lista, en caso contrario, es decir si se confunde, se realiza una descarga de 15 voltios. A medida que “alumno” se equivoque las descargas irán aumentando hasta poder realizar una descarga de 450 voltios. El “alumno” ha sido aleccionado por el investigador y simulará los dolores que poco a poco que supone el “maestro” irá descargando. En ningún momento las descargas son reales, sólo el “maestro” cree que sí.

A medida que los gemidos y gritos de dolor aumentaban, algunos deseaban terminar el experimento. Otros volvían a preguntar el por qué del mismo y otros  dudaban de continuar. Frente a cualquiera iniciativa del “maestro” a cesar el experimento, el “investigador” con tono imperativo remarcaba que debía seguir, que el experimento requería de su rol, que continuara, que era esencial en el desarrollo del mismo hasta finalmente, decirle que no tenía opción y debía continuar.

Experimento: resultados

Frente a la sorpresa de los resultados se concluyó que el 65% de los “maestros” administraron el mayor voltaje, es decir de 450 voltios. Pero ninguno de los participantes paró a los 300 voltios a pesar de que a partir de allí el “alumno” dejaba de dar señales de vida.

Conclusiones

Frente al “poder” científico, la impronta cultural que un delantal blanco conlleva, la ética particular puede ponerse en duda. No caben dudas que las circunstancias sociales y culturales pueden llevarnos a tomar decisiones que lejos están de una mirada fría y reflexiva. Por eso es tan importante la difusión de este tipo de experimentos para pensarnos como sujetos y nunca más repetir la obediencia a destajo de otro.