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Conoce tu cuerpo, aprende a quererlo

17 enero, 2020
cuerpo

Ante la  cultura en la que nos encontramos, resulta complicado que no tengamos algún tipo de complejo corporal, debido a lo que nos venden como belleza en cuanto al cuidado de nuestro cuerpo. Acostumbramos a ver cómo las personas que más atraen, resultan más admiradas y apreciadas, tienen cuerpos que cumplen con unas medidas estipuladas, por un mundo, que sin duda, nosotros hemos creado.

Estas personas que cuentan con unas medidas simétricas  en sus cuerpos, propias de lo que entendemos hoy día como belleza, no son más que ilusiones volátiles, que no perduran en la realidad del paso del tiempo.

Seguir esas tendencias corporales puede resultar peligroso, no todos contamos con la misma constitución y metabolismo para cumplir con los estándares existentes socialmente.

La obsesión del culto al cuerpo

Muchos jóvenes son víctimas de ello, sin entrar en el tema de la anorexia, bulimia, o el trastorno dismórfico corporal, me dirijo hacia la tentativa de tomar consciencia sobre la belleza que nuestro cuerpo tiene, por hechos propiamente naturales, todas las personas somos bellas, y resultamos aún más bellos cuando tenemos el valor de descubrirlo y mostrarlo ante los demás, sin complejos ni molestos pensamientos sobre imperfecciones que no queremos aceptar.

Hacer ejercicio y tener una nutrición saludable siempre va ayudar a que nos encontremos mejor tanto física como mentalmente «mens sana in corpore sano«.  Aún así, dentro de nuestras limitaciones genéticas, para llegar al reconocimiento sobre la propia belleza corporal (hablando siempre desde un cuerpo  que no ponga en peligro nuestra salud física),  hay que dedicarse un tiempo para sí para aceptar lo que la naturaleza nos ha proporcionado. Es una belleza en bruto la cual es necesario descubrir, dedicándonos tiempo y amor.

Ama tu cuerpo y descubre cómo

  • Observa tu cuerpo. Ponte ante un espejo, ve dirigiendo tu mirada desde arriba, hacia abajo, lentamente, observando tu pelo, tu rostro, cuello, etc. Ve recorriendo todo tu cuerpo con la mirada intentando percibir su particular composición artística, fíjate en la forma de tu cara, en tus ojos, las pestañas, la boca y orejas, viendo en detalle  todo lo que te hace un ser único y hermoso. Observa la longitud de tus brazos, la prolongación de tu cuello y cómo se estructura la composición armónica de tu cuerpo.
  • No a la crítica corporal. Cuando tengas algún pensamiento negativo sobre una parte de tu cuerpo, tómate un tiempo para apreciar su función y la necesidad de que esté ahí, tanto biológicamente, como para el apoyo a otras estructuras afines. Por ejemplo, si ves tus brazos flácidos, agradece tenerlos, pues piensa que te sirven para abrazar, levantar peso, y un sinfín de cosas para tu vida diaria. Préstale atención y otórgale la importancia que tiene a aquello que no te gusta, aprenderás así a valorarlo y quererlo tal cual es.
  • Aprecia cada parte de tí. Al recorrer cada una de las partes de tu cuerpo, admira y agradece las formas sensuales de tus pechos, muslos y hombros. Las suaves curvas que conforman tus caderas, el vientre y tus glúteos. El recorrido liso y firme de tu espalda hacia la longitud de tus piernas. Encuentra algo agradable que decir sobre cada una de las partes de tu cuerpo, aprendiendo a quererlo y admirarlo ante toda su hermosura.

Con esto, sé capaz de reflexionar sobre toda la hermosura que recorre cada parte de tu piel, si aprendes a amar tu cuerpo, descubrirás la singular belleza que lo hace único, de esta forma podrás abrirte más cómodamente a la experiencia de sentirlo deseado y apreciado tal como es. Esta experiencia sirve también para llegar a sentir más placer, debido a que un cuerpo criticado y juzgado le resulta más complicado abrirse al placer, que un cuerpo amado y apreciado.

Descubrir tus zonas erógenas comienza por el reconocimiento positivo hacia tu cuerpo, explorar sus posibilidades, darte un tiempo sin interrupciones, en privado, para recorrer todos esos puntos con los que te encuentras agusto acariciándolos y estimulándolos. Tomando consciencia de aquello que te reconforta. Ya  no dudaras en guiar a tu pareja y en proponerle que vaya descubriendo lo mucho que amas a tu cuerpo, y todo el placer que puede llegarte a proporcionar cuando lo conoces.

 

De Descartes a la actualidad

El gran filósofo francés, Descartes, durante el siglo XVI, propuso la célebre frase “Pienso, luego existo”. Concluye esto a partir de la dud. Es decir, al dudar de las cosas entiende que -esa duda- es la que le da existencia en tanto piensa, reflexiona, duda, sabe que está vivo. Esta frase, que aún hoy es debatida en diferentes ámbitos, esconde una relación con lo corporal que hemos de ahondar. Porque si mi existencia se debe al razonamiento, a los pensamientos, el cuerpo no tendría importancia. Es decir que éste sería sólo un soporte sobre el cual el raciocinio se despliega. Entonces ¿qué importa cómo es ese cuerpo?

La historia de la humanidad tiene un efecto sobre los cuerpos y la construcción de los mismos. Las diferentes épocas han ido marcando a través de los descubrimientos científicos, los cambios económicos, las revoluciones industriales y digitales, cómo las sociedades se ven a sí mismas. En la actualidad podríamos establecer que existen dos modelos opuestos. Por un lado, los obsesionados con los estereotipos de belleza, sean masculinos como femeninos. Las publicidades son la norma a seguir, a inculcar en nuestros cuerpos para pertenecer al eslogan de “belleza”. Por el otro, en la era digital donde el ordenador, gracias a Internet, es la ventana al mundo, podemos prescindir del cuerpo. No lo necesitamos mostrar, ni poner en contacto con otros, siquiera mirarnos. Es el ordenador quien me devuelve las imágenes a consumir.

Dos cuerpos opuestos, pero que nos hablan de esta época y de sus características. Y aunque Descartes quede lejos en el tiempo, en estos dos exponentes ambos se olvidaron de sus cuerpos.

El cuerpo ideal

Una parte de la sociedad sostiene que la belleza es de una sola forma y particular para cada género. Lo femenino implica un cuerpo curvilíneo, de piel bronceada, pelo largo y sonrisa constante. Lo masculino, por su parte, resalta la tonicidad de ese cuerpo, sin ser exagerado al tipo físicoculturista. Pero lo suficiente como para que se noten todos los músculos sin esfuerzo, el pelo arreglado y hasta, en algunos casos, piernas o pecho depilado. Dos cuerpos que para poder sostenerlos no sólo es necesario el ejercicio constante, sino también un sostén económico que permita el arreglo de esa apariencia. Hablamos de una doble condición, la exposición del cuerpo sea cual fuere el mismo en el inicio y el dinero para sostenerlo.

Todo ello para mirar hacia afuera y ver en la mirada de los otros un espejo de nosotros. Por lo tanto, ese reflejo es muy endeble, muy cambiante, muy difícil de sostener. Cuando la mirada está puesta en el afuera, cómo nos reconocemos. Si vamos a depender de los otros para vernos caemos en la trampa de nunca saber quiénes somos. Sino un objeto del mercado, un claro ejemplo de lo que el mundo supone ver como belleza.

Todo ese esfuerzo por pertenecer a una ilusión, conlleva un daño al ego que es difícil de reparar. Cuando la energía está puesta en el afuera, el adentro, tarde o temprano, enferma. Porque aunque queramos creer que el cuerpo es una cosa, en realidad, es el que nos da existencia. Sin el corazón no sobrevivimos. Si no nos conocemos, si no sabemos qué nos gusta y qué no, si no aprendemos a mimarnos, a probar qué colores nos sientan mejor, qué actividades nos gusta realizar, qué estilo de maquillaje nos gusta usar, vernos al espejo y sonreírnos, salir a pasear observando el paisaje y no a la gente, podemos perder no un cuerpo, sino la vida.

La mente ideal

Lejos de importar la mirada del otro sobre el propio cuerpo, directamente olvido que tengo uno Es una cosa menor, sin importancia, apenas lo nutro para que sobreviva. Aquí importa la mente en tanto capacidad de comunicar, transmitir y decodificar mensajes. En la era digital, me reservo el cuerpo y en su lugar expando mis capacidades cognitivas a través de las redes y a nivel mundial. Ya no importa cómo soy, qué visto, qué siento. La realidad virtual me permite experimentar sensaciones mentales y no corporales. Es a través de este canal, Internet, que me desapego del cuerpo en función de pasear por los mundos de los programas y sus vericuetos. Nuevamente la ilusión. No hay manera de sostener las capacidades cognitivas, sino se nutre al organismo. Pero no hablamos de una dieta balanceada, rica en proteínas y aminoácidos. Sino de una nutrición que implique la comida, claro, pero también el aseo, la mirada sobre sí mismo y el contacto humano de caricias. No hay realidad virtual que pueda reemplazar el calor de un abrazo, el contacto de los labios al besarse o el encuentro carnal durante el acto sexual. Todo ello es de vital importancia para sostener a esa mente plausible de potenciar gracias a las innovaciones tecnológicas.

En ambos casos la búsqueda del ideal, sea corporal o mental, implica coaccionar a ese cuerpo. De Descartes a la actualidad volvemos a pensar al humano dividido en cuerpo y mente. Pero también el tiempo nos ha demostrado que no hay uno sin el otro. Depende de nosotros cuidar a ese cuerpo para expandir nuestra mente, así como potenciar nuestra mente al cuidado de ese cuerpo.

Bibliografía: Mantak Chia, Maneewan Chia. (2008). La pareja multi-orgásmica. Ed: Neo Peson.