Las debilidades más comunes del ser humano

Todos los seres humanos contamos con una serie de potencialidades, aunque también de debilidades. No solo es importante centrarse en nuestros aspectos positivos, también en los que por lo general no queremos ver, nuestras dificultades y puntos débiles. Como verás a continuación esta será la clave para desarrollarte de forma íntegra.

Vivimos actualmente en un mundo en el que se incentiva a pensar exclusivamente en lo positivo. Se le da mucha importancia a las capacidades, al desarollo personal y la felicidad. Sin embargo para obtener algo de todo esto es preciso antes buscar en nuestras sombras, en lo que no queremos ver de nosotros mismos.

“La cosa más aterradora es aceptarse a sí mismo por completo”, recalcaba Carl Gustav jung. Uno de los autores que más hincapié han hecho en el estudio de las debilidades humanas. Veamos en qué consisten esta serie de debilidades.

Principales debilidades del ser humano

Como hemos dicho anteriormente, solemos estar centrados en cultivar nuestras potencialidades. Aunque, no hay que descuidar esa parte que menos nos gusta de nosotros descubrir: las debilidades. Hacer un ejercicio de autoconocimiento para descubrir cuáles son nuestras principales debilidades nos ayudará a comprendernos y a aceptarnos. Algo fundamental para la autoestima.

Falta de concentración

La dificultad de concentración es algo bastante frecuente en muchas más personas de las que creemos y pueden desarrollarse en cualquier edad. Los niños reflejan estos problemas en sus calificaciones. Los adultos lo notan en su rendimiento en el trabajo y en su vida familiar. Las dificultades de concentración son algo muy molesto dado que tiene un impacto negativo en nuestra vida diaria. Incluso puede perjudicar nuestras relaciones, escolares, laborales, sociales y perjudicarnos en todos nuestros hábitos y entorno. Por ello, poner medidas para mejorar nuestros niveles de concentración cuando estos se deterioran, es muy necesario.

Cuando nuestros niveles de concentración están en un estado óptimo, nos encontramos con que nuestro trabajo es más fácil, más rápidamente recordado, nos toma menos tiempo y tendemos a cometer menos errores.

Los problemas de concentración son la incapacidad para centrarnos y atender al estímulo que debemos atender. Puede que nos distraiga el ruido, nuestro móvil, o que nuestro pensamiento divague y dejemos de hacer nuestra tarea.

Los niveles de concentración de una persona van a depender de los factores siguientes:

  • La dedicación o compromiso con la tarea
  • El interés por la tarea
  • La habilidad para realizar la tarea
  • El estado físico y emocional
  • Un ambiente adecuado con pocas distracciones

En niños

En el caso de los niños tendrá problemas de concentración cuando:

  • Le cueste mantener la atención en clase.
  • No sea capaz de concentrarse en los deberes.
  • Parezca que no te escucha cuando le estás hablando.
  • No pueda atender a una película.
  • Le cueste concentrarse en una actividad placentera.
  • Esté distraído.
  • Su juego sea desestructurado.
  • Parezca que continuamente está soñando despierto.

En adultos

Un adulto tendrá problemas de concentración cuando:

  • Se le olviden las cosas.
  • No sea capaz de realizar una tarea durante un tiempo prolongado.
  • Le cueste seguir la lectura.
  • Tenga la sensación de tener la cabeza embotada.
  • Se sienta distraído cuando alguien le habla.
  • Se despiste fácilmente con cualquier cosa.
  • Tarde demasiado tiempo en acabar las tareas.

Egoismo

Que nos tachen de “egoístas” es una de las peores etiquetas que nos pueden poner. En general lo asociamos con ser “mezquino”, “ruin” e incluso “mala persona”. Curiosamente, es difícil –por no decir imposible– encontrar a un ser humano que no sea egoísta. De hecho, cada vez que señalamos el egoísmo de otra persona, lo hacemos porque se ha comportado de manera que no nos beneficia o directamente nos perjudica. Así, tildamos de “egoístas” a todos aquellos que piensan más en sus necesidades que en las nuestras.

Etimológicamente, la palabra “egoísmo” procede del latín “ego”, que significa “yo”. Lo cierto es que ser egoístas no es bueno ni malo; es necesario. Necesitamos pensar en nosotros mismos para sobrevivir física y emocionalmente. Por más que nos cueste de reconocer, todo lo que hacemos en la vida lo hacemos por nosotros mismos. ¿Por qué nos emparejamos? ¿Por qué decidimos ser padres? ¿Por qué cultivamos relaciones de amistad? ¿Por qué trabajamos? ¿Por qué ayudamos a los demás?

Al analizar en profundidad las motivaciones que residen detrás de nuestras decisiones y conductas, siempre encontramos una ganancia, por pequeña que sea, que justifica que las hayamos llevado a cabo. Ahora bien, en función de cuál sea nuestro nivel de consciencia, nuestro grado de comprensión y nuestro estado de ánimo, este egoísmo puede vivirse de tres formas muy diferentes.

Impaciencia

Cuando contamos con una actitud positiva es fácil darse cuenta que nuestros día a día es diferente, pero no porque realmente lo sea, sino porque una actitud positiva nos permite disfrutar más, descansar mejor e incluso establecer mejores relaciones. Si nos vamos al otro extremo, en el que nos dejamos arrastrar por la impaciencia también comprobamos fácilmente que, las consecuencias de esta experiencia pueden afectar a la salud, reflejándose en cuadros e ansiedad y estrés.

Que provoca la impaciencia

La impaciencia puede provocar impulsividad, respuestas rápidas, poco conscientes, coherentes, eficientes y meditadas. La frustración está entonces servida.  No controlar esta actitud puede traer problemas en las relaciones personales y laborales.

Nos impide disfrutar de los mejores momentos y es fundamental disfrutar de cada momento porque, aunque muchas veces no nos damos cuenta. Lo cierto es que cada momento que pasa no volverá. Y la impaciencia es el peor de los enemigos que podríamos tener en este sentido, ya que pone todo tu foco en lo que está por venir, impidiéndote disfrutar del aquí y del ahora, y de todo cuanto puedes crear en tu vida, con una actitud mucho más positiva, eficiente y feliz.

Afecta a nuestro estado emocional. La impaciencia afecta negativamente al equilibrio emocional. Las personas impacientes suelen ser exigentes, y vivir en un estado de irritación constante. 

Afecta a nuestra salud. La impaciencia no solo tiene consecuencias emocionales, sino que también las podemos sufrir a nivel físico. ¿Sabías que patologías como la hipertensión, la obesidad e incluso el envejecimiento prematuro pueden ser provocadas por un exceso de impaciencia?

Nos envejece ya que las personas más impacientes envejecen más rápidamente. Esto es así, debido a que sus telómeros (extremos de los cromosomas del ADN) son más cortos que los de las personas más serenas. 

Cobardía

La cobardía es una de las características esenciales del ser humano. Es muy compartida, etiquetada en otros, pero muy poco reconocida. Sin embargo, y aquí quizás sea sorprendente, en determinados casos sigue siendo una estrategia adaptativa para nosotros.

En múltiples ocasiones todos hemos echado la vista atrás y nos hemos encontrado con una duda: saber cuál hubiera sido el resultado si hubiéramos actuado de otra manera en aquel momento. Y al analizarlo, vemos que la cobardía está detrás de muchos de nuestros «y si….».

La cobardía va de la mano del miedo y del conformismo. Son inseparables. Si no hay miedo detrás, no es cobardía; quizás comodidad o vagancia, pero no cobardía. Se puede ser cobarde en varias dimensiones de esta actitud. A nivel emocional, a nivel de comportamiento o incluso a nivel de pensamiento.

Desconfianza

Todos hemos desconfiado de otras personas alguna vez. Pensamos mal de los demás, una frase suya, una mirada, nos sugieren todo un mundo de ideas y no siempre buenas. Algunas de esas ideas, por desgracia, corresponderán a la realidad, otras sin embargo no. Esta es una situación más o menos habitual que puede dar pie a malos entendidos que necesitan aclararse pero no trascienden más.

El problema puede aparecer cuando la persona da por hecho que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar.

Frecuentemente, sienten que han sido ofendidos profunda e irreversiblemente por otra persona. Están preocupados por dudas no justificadas acerca de la lealtad o fidelidad de sus amigos y socios, cuyos actos son escrutados minuciosamente en busca de pruebas de intenciones hostiles.

Fuentes: https://borjavilaseca.com/las-tres-caras-del-egoismo/

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