La teoría del apego te ayuda a comprender cómo te relacionas

Niña abraza a su madre con teoría del apego

El psicoanalista inglés, Jhon Bowlby, en 1977 fue quien desarrollo la teoría del apego. Una teoría que ha sido aceptada y reconocida por los demás enfoques terapéuticos. Esta teoría nos sirve para entender la tendencia que tenemos los seres humanos para establecer fuertes vínculos emocionales con determinadas personas. Y sirve para explicar malestar y trastornos de personalidad asociados con la pérdida y la separación involuntaria de un vínculo significativo.

La teoría del apego se interesa por cuestiones como:

  • Explicar nuestra tendencia a establecer vínculos fuertes, selectivos y duraderos entre sí.
  • Explicar cómo la amenaza de ruptura y la falta de respuesta afectiva nos puede provocar tal sufrimiento emocional que desemboque en una psicopatología.
  • Explicar el por qué y el cómo con la ruptura de vínculos que han sido significativos dan lugar a distintos procesos de duelo.
  • Y por último, explicar cómo nuestras experiencias con nuestro entorno y nuestras interrelaciones personales a lo largo de nuestro ciclo vital, y sobre todo en la infancia, quedan registradas en el inconsciente influyendo en nuestra manera de vincularnos y ofrecer respuestas interpersonales futuras.

 

Desde nuestro nacimiento siendo bebés damos un sentido a nosotros mismos en función a nuestra relación con los demás, y más concretamente con nuestros cuidadores que son nuestras figuras de apego más fuertes.

Las relaciones son tan importantes desde etapas tan tempranas porque nos desarrollamos en todo momento en un contexto de interrelaciones, que tienen un significado incluso de supervivencia. Las relaciones entre padres e hijos se entienden desde la teoría del apego como el desarrollo de un contexto más amplio a la familia y al grupo social.

La premisa fundamental en la teoría del apego es que las experiencias tempranas de interacción entre el infante, el niño y el adolescente, con sus principales figuras de apego, afectan a su desarrollo posterior de forma significativa, ya sea de forma positiva o negativa.

Esto supone una interesante comprensión acerca de la motivación humana en su modo de relacionarse y vincularse. Ese sistema de motivación relacional básico es lo que se puede considerar como apego. Este sistema es generador de cuidados, por eso las figuras que lo representan son los cuidadores, los cuales representan los cimientos de lo que Bowlby llamó la “base segura”.

Este modelo de las motivaciones representado por la teoría del apego responde a las motivaciones humanas que impulsan nuestra conducta, creando necesidades y gobernando nuestras emociones. Las funciones básicas del sistema de apego son, por lo tanto: la protección, regulación emocional y la supervivencia.

Este sistema de apego interactúa con un sistema diferente que también se inicia en nuestra infancia, y es el sistema de exploración: que tiene como función alejarse de la base segura para explorar el mundo, para que podamos ir aprendiendo y adquiriendo las herramientas internas necesarias que nos hagan desarrollarnos como adultos competentes.

Dependiendo de cómo sea nuestro estilo de apego, podremos enfrentarnos al mundo y a la exploración de lo que nos interesa de una forma u otra. Con angustia, con miedo, con necesidad y ansiedad, con dificultad, o por lo contrario, con interés, valentía, ilusión y viendo las adversidades como retos que nos hagan crecer y avanzar.

 

Apego seguro

Este tipo de relación es característico de los niños que lloran poco y se sienten contentos jugando y explorando ante la presencia de su cuidador. En el proceso de separación disminuye su conducta exploratoria y se muestran afectados. Cuando el cuidador vuelve se muestran contentos y se acercan buscando el contacto físico, para seguidamente continuar con su conducta exploratoria.

El cuidador principal se muestra ante el bebé de forma sensible, con empatía, atendiendo a sus necesidades. Mostrándose disponible cuando el bebé lo necesita. Es así como los bebés bajo estas experiencias positivas forman su modelo operativo interno que les sirve para predecir su disponibilidad empática.

 

Apego inseguro-evitativo

Los niños en esta relación se muestran demasiado autosuficientes e independientes. Exploran y juegan desde un primer momento sin necesidad de obtener la mirada de cuidador principal. No buscan su presencia y acaban por ignorarla completamente. Cuando el cuidador no está no se inmutan, y cuando vuelven de igual forma no van en su búsqueda, y si el cuidador se acerca buscando el contacto el bebé lo evita.

Estos cuidadores para que el niño haya aprendido a reaccionar así ante el vínculo, se han mostrado insensibles y poco empáticas antes sus peticiones y sus necesidades. Estos niños reaccionan frente al dolor psíquico que les supone el abandono afectivo por parte del cuidador, en forma de evitación y rechazo para protegerse.

Al verse rechazados y desatendidos en repetidas ocasiones, inconscientemente saben que no pueden contar con el apoyo de su cuidador principal por lo que reaccionan de forma defensiva. Niegan así todo sentimiento hacia su figura de apego.

 

Apego ambivalente-resistente

Las reacciones de los niños en este tipo de vínculo son excesivas e intensas, dan respuestas exageradas ante periodos breves de separación. Se muestran inseguros y preocupados por la proximidad del cuidador principal., incluso estando en sus brazos lloran, apenas pueden tener conductas exploratorias en su ausencia. Se muestran de forma muy desorientada, con irritación, con resistencia al contacto, el acercamiento y el mantenimiento del contacto.

Los cuidadores se muestran sensibles y cálidos en algunas ocasiones e insensibles y fríos en otras. Es así como aparece la inseguridad en el niño sobre la disponibilidad de su cuidador, aunque en algunas ocasiones parece poder contar con él, en otras se frustra al resultar ser todo lo contrario. Responden así con rabia y emociones exageradas debido a que hay una capacidad de cuidado inconstante. Y al exagerar el tono de las emociones aprenden a que logran ser atendidos. Estas estrategias para conseguir lo que necesitan les resultarán caras puesto que disminuyen sus posibilidades de desarrollar su estabilidad emocional, su madurez y competencia social.

Apego desorganizado

Los niños se muestran con estrés de forma regular, tiene dificultad para regular sus emociones. Sus conductas resultan extrañas al verse desde fuera muy contradictorias, lo mismo necesitan un fuerte afecto que al poco tiempo tienden a la evitación y a rechazar el contacto. Sus cambios repentinos de afecto están desorganizados y frecuentemente se sienten confusos.

Los cuidadores ofrecen una respuesta al niño desproporcionada e inadecuada en su desesperación por no saber cómo reaccionar ante el niño cuando necesita ser calmado. Los adultos recurren a la disociación, se vuelven fríos ante el niño, lo que  provoca al niño una fuerte inseguridad y una gran ansiedad adicional, que el niño no es capaz de gestionar.

La distancia afectiva confunde al niño, emitiendo una respuesta emocional de desorganización ante lo que no es capaz de comprender.

 

 

Apego desorganizado

 

Sobre Rafa Aragón 228 Artículos
Autor/Redactor del blog Psiqueviva. Psicólogo y sexólogo con número de colegiado: AO09281. Ilusionado por transmitir conocimientos sobre psicología, así como de promover hábitos saludables a través de las ciencias de la salud en general. Colaborador articulista en páginas como E- ciencia, La mente es maravillosa y marketing4ecommerce.

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