¿Qué es la lobotomía?

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Podemos considerar la lobotomía como uno de los procesos quirúrgicos más usados en el mundo de la salud mental, y que ha provocado tanto grandes alabanzas a sus resultados como innumerables críticas debido a su crueldad. Sin embargo, la lobotomía es un proceso que nos aporta datos muy relevantes acerca del funcionamiento fisiológico del cerebro y de las consecuencias de los cambios en sus esctructuras.

Dos son los nombres que destacan en la historia de la lobotomía en su época de desarrollo (finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX): en primer lugar Egas Moniz y, posteriormente Walter Freeman.

A pesar de que la psicocirugía como tal ya había sido practicada durante los años 30 en los lóbulos temporales y frontales de monos y perros, el uso de dicha técnica en algunos pacientes esquizofrénicos no fue del todo satisfactoria: algunos de ellos fallecieron aunque otros sí que presentaron una reducción en sus síntomas agresivos. Sin embargo, y a pesar de estos precedentes de dudosa moralidad, Egas Moniz fue considerado el pionero en usar esta técnica en humanos. Basándose en estudios de fisiología de John Fulton, y junto con su compañero neurocirujano Almeida Lima, comienzan a practicar lobotomías a diferentes pacientes con altos porcentajes de buenos resultados, lo que provoca una revolución y un aumento considerable del uso de esta técnica, llegando a la “fiebre lobotómica”, que le proporcionó el Premio Nobel en 1949.

Después de la innovadora técnica iniciada en su mayor parte por E. Moniz, Walter Freeman, neurólogo y psiquiatra estadounidense, procede a impulsarla aún más, ralatando casos como los de una ama de casa cuyo cuadro de ansiedad desapareció al realizársele una lobotomía (“…le permite llevar adelante las cuentas y tareas del hogar, gozar de las relaciones sociales, concurrir al teatro y conducir su propio auto…”).

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Egas Moniz

Es aquí donde se produce el punto de escisión entre aquellos que estaban a favor de dicho procedimiento y aquellos que lo tachan de cruel, poco ético, cuya base científica es insuficiente e incluso como método de control de las masas.

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Walter Freeman

A pesar de todo esto, W. Freeman prosigue con su fomento de dicha práctica, desarrollando así en 1946 la lobotomía transorbitaria o “lobotomía con picahielo”, que consiste básicamente en introducir en la parte superior de la órbita del ojo un punzón, seccionando mediante golpe de martillo varias fibras nerviosas. La importancia de este hecho reside no sólo en lo perjudicial de la intervención, sino también en la facilidad que se otorgó a realizar las lobotomías, convirtiéndolas en una práctica que no necesitaba de quirófanos ni anestesia, y que además era rápida y eficaz en la mayoría de sus casos. Freeman comienza a recomendar dicha práctica para todo tipo de trastornos mentales, desde depresiones hasta las psicosis, pasando por neurosis, homosexualidad (recordemos lo perseguida que estaba en aquella época) y cualquier tipo de tendencia criminal en el paciente. Llega a crear amplias “cadenas de montaje” donde se lobotomiza a un paciente tras otro.

Es necesario resaltar dos hechos para comprender el auge de dicho método: en primer lugar no existían otras alternativas terapéuticas tan rápidas y sencillas de realizar, además de su supuesta eficacia en aquella época. Era un período en el que cualquier diferencia con lo que se consideraba clínicamente “normal”, era tachado de locura o demencia, más aún si dicho comportamiento se aunaba con la agresividad. Muchas de las “enfermedades” mentales de aquella época eran consideradas irreversibles. Gran parte del rechazo y del miedo a lo considerado como “anormal”, era estimulado entre la burguesía y las clases altas como forma de control de la masa obrera, consiguiendo extender dichas creencias en toda la población, de manera que no existía forma alguna de escapar a las acusaciones de cualquier sector. A esto hay que sumarle hechos históricos tan importantes como dos guerras mundiales, que estaban directamente relacionadas con la pésima situación proletaria y por tanto en la intranquilidad y agitación de dicha clase.

Este contexto desencadenó en la opinión de que, a pesar de lo inhumano de dicha intervención, se prefiere lo dócil, apático, indiferente y que no crea problemas, a una persona violenta o salida de la “norma”.

En segundo lugar, el propio Freeman era considerado como un profesional, y, a pesar de lo nocivo de sus técnicas, las realizaba supuestamente de forma exitosa, lo que ayudó a aumentar la popularidad de las lobotomías.

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Realización de una lobotomía transorbital

Cuando en 1960 termina por fin la gran época de la lobotomía, se han realizado más de 100.000 prácticas de este tipo a nivel mundial, incluyendo a grandes celebridades, como por ejemplo a Rosemary Kennedy, hermana de John F. Kennedy, con poco o sin ningún estudio de seguimiento para considerar al tratamiento como eficaz.

Desde el punto de vista anatómico y fisiológico, se cree que la historia de la lobotomía se ve apadrinada por doctrinas de la época como el determinismo (posturas reduccionistas, como por ejemplo la frenología, que afirman que todas las características y diferencias individuales del ser humano son debidas a la herencia genética) y el evolucionismo (una postura reduccionista similar al determinismo pero alegando que las características y diferencias individuales han de conocerse a partir de la evolución biológica del ser humano).

Este modelo de pensamiento lleva a creer que cuando se posee un trastorno psicológico es porque ciertas redes neurales “no funcionan adecuadamente” y que, por tanto, bastará con seccionar dichas fibras o estructuras cerebrales para terminar de solventar el desorden mental. En concreto, es el lóbulo frontal el seccionado en las lobotomías (o más específicamente los lóbulos prefrontales). Esto se debe a que es dicho lóbulo el encargado de las tareas cognitivas, conductuales, afectivas y ejecutivas como: planificación de respuestas, toma de decisiones, dirigir conductas, razonamiento social, comprensión del significado de las caras humanas, etc.

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A partir de 1960 y con la introducción de los psicofármacos, como por ejemplo la clorpromazina, se reducen los síntomas psicóticos y agresivos de los pacientes sin tener que recurrir a intervenciones poco éticas, por lo que la lobotomía como tal comienza a desaparecer. A pesar de todo esto, a día de hoy siguen practicándose lobotomías, tan sólo en algunos centros en el mundo.

Es necesario señalar aquí las diferencias entre lobotomía y lobectomía. Mientras que la primera se refiere a la destrucción de las vías nerviosas de los lóbulos frontales, la lobectomía produce dicha destrucción pero extirpando además las partes afectadas. En ambos casos, se produce una desconexión de la corteza prefrontal con el resto del cerebro, unas veces destruyendo la sustancia blanca para desconectar la corteza orbitofrontal del resto del cerebro, y otras veces destruyendo directamente la propia corteza orbitofrontal. La técnica que utilizaban Freeman y Watts (compañero de Freeman), consistía en realizar dos agujeros laterales en el cráneo, en la zona frotnal, a través de los que se introducía el leucotomo o instrumento para realizar la lobotomía, una especie de artilugio que mediante su rotación iba seccionando rodajas de la zona frontal del cerebro. Podían ser 6, 9, 12 o más, dependiendo de la supuesta gravedad del paciente. De hecho, algunos pacientes era sometidos a varias lobotomías, según su evolución, en las que se acababa seccionando la mayor parte de la zona frontal. Tal era la magnitud de la intervención que se llegó a praticar también en niños.

¿Qué se alegaba en aquella época para otorgar éxito a las lobotomías? Según Freeman y Watts, era en los lóbulos frontales donde se albergaba la personalidad de los individuos, mientras que la emoción residía en el tálamo. En los enfermos mentales existía un desequilibrio entre estas dos estructuras, por lo que el tálamo predominada y sus fuertes conexiones con el lóbulos frontal provocaban obsesiones y ansiedad en el paciente. Es lo que llamaban “supremacía de la emoción sobre la razón”. Según ellos, la lobotomía modificaba dicha función del tálamo, invirtiendo la supremacía.

Debido a esta intervención, el paciente pierde su ansiedad y su agresividad (en los casos en los que existiera dicha agresividad), pero queda sumido en una personalidad completamente diferente a la suya original, volviéndose apático, poco hablador, indiferente hacia la mayor parte de los estímulos, sin motivación por ningún tipo de actividad, sin capacidad para crear y elaborar estrategias ni planes, sin conciencia de su propio estado mental, disminución de la capacidad de aprendizaje, dificultad en la toma de decisiones adaptativas y razonables, comportamiento infantil, incapacidad de aplicar nuevos o pasados valores morales, poca o nula reacción emocional, y en general un abandono generalizado de la vida social.

Por tanto, estos pacientes ven limitada o prácticamente nula su capacidad para llevar una vida social normal, para poder encontrar trabajo, tener pareja e hijos, ser independientes y autónomos, y llevar a cabo una vida propia y elegida por ellos mismos.

Es de destacar, que, a pesar de lo interesante de dicha práctica desde el punto de vista científico, su escasa moralidad y ética nos llevan a entender que aunque eficaces, muchos de los métodos de la medicina (tanto anterior como actual), quizás no sean los más adecuados para facilitar la vida a aquellos que requieren de ayuda para superar sus problemas y no de un método de controlarlos, reducirlos y condicionarlos a una vida de apatía y anhedonia, como si ya no fueran seres humanos sino un incordio para los demás.

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La extracción de la piedra de la locura. Hieronymus Bosch “El Bosco”.

 

 


Egas Moniz: Lobotomia por raulespert


Walter Freeman: Lobotomias en serie por raulespert

Más vídeos sobre lobotomías:

http://psiqueviva.com/videos-psicologia/

Bibliografía: 

Hernández, D., Zaloff Dakoff, J. M. y Rosler, R. Historia de la psicocirugía. lobotomía: del premio Nobel al oprobio. Extraído el 9 de enero de 2014 de http://primeravocal.org/wp-content/uploads/2011/06/Historiadelapsicociruga.LobotomadelPremioNobelaloprobio1.pdf

Sobre Joana 14 Artículos
Estudiante de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y con la esperanza de llegar a Neuropsicóloga. Colaboradora en Psiqueviva.

  1. la práctica de dicha intervención, es repugnante éticamente inviable sobre cualquier ser viviente provisto de cerebro, y quién piense en ello, debería probarlo por sí, mismo.

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