Psicología feminista del Manifiesto Comunista

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¿Un hombre feminista? ¿El Manifiesto Comunista es en realidad un manifiesto feminista? Bastante se ha escrito sobre los desencuentros entre marxismo, feminismo y ecologismo. Sin embargo son debates más bien estériles, intelectualoides (algo así como un ‘analfabetismo intelectual’). Como bien explicaba Marx, si la filosofía no sirve para transformar la realidad, no es filosofía. Lo mismo podemos decir de la psicología. Y el feminismo es la clave de transformación.

La violencia contra la mujer que perpetra el varón no es más que una sublimación del rechazo masculino a su ser femenino. Tal rechazo es el que institucionaliza la violencia más allá del hogar, de la pareja, alcanzando la economía y la política. Por ello, el Manifiesto Comunista es esencialmente un manifiesto feminista por su radical pacifismo, rechazo de la violencia patriarcal (erigida paradigmáticamente en las relaciones capitalistas).

Por desgracia, se confunde la asertividad del Manifiesto Comunista con la furia y la agresividad de su retórica. Tampoco es muy extraño, en un mundo donde la voz de la mujer ha sido casi siempre sumisa y silenciosa, cualquier atisbo de firmeza se interpreta como una declaración de guerra, de ahí el miedo al comunismo y a su esfera de pensamiento crítico. La conciencia de feminidad es una conciencia reivindicativa frente a la conciencia de dominación del machismo. Igual que la conciencia de negritud de un blanco o la de pobreza de un rico. Se trata de descubrir la revolución social como ejercicio de salud mental. Dicho de otro modo: el capitalismo genera relaciones esquizofrénicas, sanguinarias, criminales…

La conciencia proletaria es una categoría de análisis de gran profundidad, integra las aspiraciones de libertad e igualdad en un programa completo de liberación colectiva. De ahí la apuesta por abolir las relaciones de explotación de cualquier tipo, por razón de sexo, raza, dinero, etc.

La crítica se vuelve sentido común. Frente al machismo y sus instituciones de violencia. Más sutil es la estratagema del chantaje emocional, ligada a un falso feminismo. Esta estratagema lo que hace es disfrazar de buenismo ciertas iniciativas para que como un virus o caballo de troya se inoculen en el adn del comunismo. Ejemplos: la actividad social y caritativa de las ONGs que se dedican a los microcréditos, comercio justo, responsabilidad social empresarial, desarrollo sostenible, etc. Legitimar el sistema lavando la imagen, el dinero y la injusticia.

Otras ideas nacen del parto del Manifiesto Comunista, en particular, ideas redistributivas (fiscalidad progresiva, renta básica, ecologismo), ideas de marcado carácter feminista por su reivindicación de la centralidad de los cuidados.

El carácter feminista del Manifiesto Comunista se visualiza bien a través de la famosa obra de Carol Gilligan de 1982 sobre el desarrollo moral de hombres y mujeres. Relaciones sociales, ética del cuidado, madurez en el sentido de la responsabilidad hacia los demás y hacia sí mismas, perspectiva histórica y valor de cada persona. Así podemos identificar los 5 aspectos característicos feministas que son nucleares del Manifiesto Comunista:

– Considera la economía de manera contextualizada, histórica.

– Entiende los medios de producción como relaciones sociales y no como asépticos factores productivos.

– Describe el capitalismo como un sistema de relaciones, de clases sociales en conflicto, lo que ha configurado la evolución histórica de la humanidad.

– Conflicto cuya resolución pasa por una revolución democrática que integre a todas las personas, sin prescribir la destrucción de nadie, mediante un liderazgo colectivo.

– Para ello las medidas idóneas son la abolición de las condiciones de explotación laboral, de todo dominio de clase y la emancipación de la clase obrera.

La asertividad y firmeza del Manifiesto Comunista se ha confundido con una mal entendida conciencia de feminidad. Lo cierto es que la clase revolucionaria es principalmente proletaria porque es feminista, rasgo innegociable a fuerza de fracasar hasta el agotamiento. La invisibilidad de las mujeres en la vida social, en las estadísticas, en la política, en la economía, no es más que una invisibilidad de la realidad femenina en el inconsciente humano. De ahí la mitificación y los miedos religiosos a lo femenino, la creación de fantasmas en torno a ellas: brujas. Y la consiguiente parafernalia de represión y holocausto.

Un fantasma recorre el mundo, el fantasma del sentido común, el fantasma de la cordura y de la salud mental. El fantasma del feminismo. Negar en los hombres su ser femenino es como amputarle una pierna, un brazo o dejarlo tuerto. El machismo es como una lobotomía ideológica gradual, desde pequeño… Y como en el país de los ciegos el tuerto es el rey, por eso están tan empeñados en cegar, silenciar, invisibilizar a las mujeres.

Sobre Franco Martínez 2 Artículos
Con 18 años por banda, nacido en Badajoz, a orillas del Guadiana, no huye del mar, sino que lo abraza, un certero espadachín. Pirata librepensador que llaman, por su escritura, el Forajido, entra en la web anochecido a darte jaque con su alfil. La fortuna en el río riela, en la Alcazaba grita el viento…

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