Los procesos de autoengaño

Es un hecho que las personas tendemos a pensar de nosotras mismas de manera favorable. Normalmente, nos mostramos orgullosos de nuestros logros y nos sentimos competentes en los campos que nos importan. Gracias a esto, nos sentimos bien con nosotros mismos. Sin embargo, esta visión es un engaño que nos dificulta ver cómo somos realmente.

Para estar satisfechos con nosotros mismos y seguir viéndonos competentes, utilizamos, sin darnos cuenta, los procesos de autoengaño. Estos son los siguientes:

  • Efecto “superior a la media”: se refiere a las visiones infladas que las personas tienen de sus capacidades. Los profesores creen que son más competentes dando clases que sus compañeros de profesión; los adolescentes, que tienen más control sobre el consumo de drogas que sus compañeros.

  • Ilusiones de control: la creencia de que se pueden controlar los resultados de sucesos que no dependen de nosotros. Se da sobre todo en sucesos aleatorios, como quien cree que tiene más posibilidades de que le toque la lotería por utilizar ciertos números, o que las personas más hambrientas crean tener más posibilidades de ganar una hamburguesa que las no hambrientas.
  • Optimismo irrealista: casi todo el mundo cree que el futuro le sonríe; tendrán más experiencias positivas que el resto de personas, y no les irá tan mal como a las personas mayores que conocen, y que no han tenido la vida que esperaban. Esta visión de futuro se extiende también a los seres queridos, de forma que la gente cree que sus amigos y familiares tendrán mejores resultados en una entrevista de trabajo, en un viaje o en un futuro lejano que el resto de personas implicadas en esas experiencias.

  • Sesgo atribucional de autoenaltecimiento: consiste en atribuir los éxitos a las causas internas y los fracasos a causas externas. Es muy común en los estudiantes que afirman que “han aprobado un examen”, porque cuando suspenden dicen que “el profesor les ha suspendido”. No creen que el suspenso sea suyo, sino causa del profesor, que es externo a ellos.

  • Rechazo mnémico: se recuerdan con mucha más facilidad los puntos fuertes que las debilidades. Por ejemplo, una persona habla mucho más de que es alguien que quiere mucho a su pareja, que del hecho de que pueda serle infiel.

  • Aceptación y refutación selectivas: se adopta una actitud crítica ante las críticas y benévola ante las alabanzas. En muchas ocasiones, no se está de acuerdo en que se halla cometido un error y se producen enfados cuando alguien lo dice; pero si lo que se está diciendo es que ha tomado una buena decisión, la persona acepta de buen agrado el comentario.

  • Comparación social estratégica: resulta mucho más cómodo para la persona compararse con grupos sociales que estén considerados más bajos al suyo o de peor calaña. Así, un rico se compara con un pobre porque el pobre está peor reconocido que él, y le sirve para sentirse superior. También puede compararse con personas que considera de su mismo nivel o nivel superior, pero las razones son diferentes.

  • Interpretación selectiva: se trata de comparaciones sociales en las que se altera el resultado para que parezca favorecedor, es decir, que a las personas les parecen más positivas las cosas que tienen los atributos que creen que poseen, y más negativas las cosas que tienen los atributos que no poseen. Así, si alguien cree que es positivo saber de informática y sabe mucho, le gustarán más aquellas personas que sepan de informática que las que no. Si cree que saber de música es algo totalmente inútil, y ella no sabe de música, no le gustarán aquellas que tocan instrumentos.

Gracias a todas estas formas de autoengañarnos, podemos sentirnos mejor con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Pero, a menudo, esta imagen no suele corresponderse con la realidad. Hemos de tener cuidado si queremos que los demás nos vean como a nosotros nos gustaría vernos.

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