Educación para todos: lenguaje y pensamiento

pensamiento

 

Si hablamos de aprendizaje rápidamente lo asociamos con el mundo infanto-juvenil. Si lo hacemos en términos de educación ocurre lo mismo.

Concentramos estos dos aspectos en esa etapa concreta de crecimiento olvidando que se sigue aprendiendo y nos seguimos -y siguen- educando cuando ya somos adultos.

Es válido para ambos ciclos de la vida decir que –generalmente- por la educación que hemos recibido somos más susceptibles a los avatares de la vida que los aspectos positivos de la misma.

Debemos educarnos y educar entre expresiones optimistas y positivas. No somos conscientes del gran poder que tiene el lenguaje sobre nosotros y lo “sencillo” que resultaría cambiar algunos aspectos de nuestras vidas simplemente modificándolo. No es lo mismo decirle a un niño cuando le sale mal un examen “Todo lo haces mal” que intentar averiguar mediante diálogo  el porqué de ese mal resultado,  o en vez de decir la frase anterior sustituirla por alguna tipo “Este examen no te ha salido tan bien”. Mientras que con la primera frase se está atribuyendo  una etiqueta negativa al niño de forma generalizada basada en  un hecho puntual, en la segunda únicamente se tiene en cuenta  ese hecho concreto.

Lo mismo ocurre con los adultos. Debido a que nosotros podemos generar y controlar en mayor medida nuestro lenguaje interno – lo que nos decimos y lo que no- es esencial intentar no auto-etiquetarnos negativamente y no generalizar un hecho como si fuese una conducta habitual, es decir, porque no sea diestra en los deportes no soy una inútil, porque no salgan las cosas tal cual uno planea tampoco se es un inútil.

Practiquemos con mayor frecuencia la compasión y capacidad de entendimiento con nosotros mismos, hablarnos de forma cariñosa y querernos.

Es importante prestar atención a los mensajes que expresamos y con qué connotaciones lo hacemos como emisores y cómo y qué captamos  como receptores.

Expresar o recibir mensajes negativos de forma reiterada acaba asociándose con patrones de pensamiento negativos hacia uno mismo, lo que nos lleva a una disminución de la autoestima y autoconfianza, generando una imagen de nosotros mismos que quizá poco tenga que ver con lo que realmente somos.

El autor Bernabé Tierno afirma en su libro “Poderosa Mente” que “Somos y nos convertimos en lo que decimos y pensamos de nosotros mismos”.

Entrenándonos en un lenguaje más positivo y favorecedor, un lenguaje que vaya en pro de nosotros mismos, seremos capaces de adoptar una actitud más positiva frente a la vida y frente a nosotros.

Sobre Sara Martín 4 Artículos
Psicóloga Colegiada, nº M-26543. Licenciada en Psicología y Experta en Análisis e Investigación criminal (Máster en Ciencias Forenses) Formada específicamente en intervención de la ansiedad, depresión, trastornos de alimentación (Anorexia nerviosa y Bulimia, y Prevención de la insatisfacción corporal y Trastornos de la Conducta Alimentaria). Titulada en Grafología. He colaborado con ASPASI (Asociación para la Sanación y Prevención del Abusos Sexual Infantil) realizando conferencias escolares de prevención y trabajando en el Grupo de Ayuda Mutuo, y en la Cruz Roja en la Unidad de Psiquiatría del Hospital Niño Jesús. Actualmente ejerzo como Autora/Redactora en Psique Viva y como Autora en el periódico digital El Pulso. Psicóloga con consulta privada (www.thaipsicologia.com)

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