Ortorexia: cuando comer sano no siempre es saludable

Ortorexia: obsesión por comer sano

Ortorexia: obsesión por comer sano

Es frecuente que después de haber seguido una dieta tengamos miedo a recuperar los kilos perdidos. La delgadez nos ha proporcionado “felicidad”, nos vemos atractivos, hemos recuperado relaciones sociales, etc. ¿Quién no querría proteger al cuerpo que hemos conseguido?

Quienes practicáis deporte seguro que tenéis tendencia a consumir aquellos alimentos que consideráis adecuados para fortalecer los músculos, mejorar el rendimiento físico, o mantener ciertas características físicas.

Tanto los que han perdido kilos como los que practican deporte se ven influenciados por el  bombardeo publicitario que masivamente representan modelos con cuerpos “fit”. El rechazo a desarrollar cuerpos demacrados como los de las modelos de antaño, ha creado una nueva generación de modelos cuya doctrina se basa en llevar una dieta estrictamente sana. Paradójicamente, ésta también resulta ser tóxica.

 

La alimentación como eje central de nuestras vidas

Es fundamental llevar un estilo de vida saludable para mantener nuestro cuerpo y mente sanos. Pero esto deja de serlo cuando pensamos más en los beneficios que nos aportan determinados alimentos que en disfrutar de su sabor. Entonces, podemos desarrollar ortorexia.

Este término existe desde 1977, y proviene del griego “ortho” que significa “correcto” y “orexis” que equivale a “deseo”. Se utiliza para describir la obsesión por una nutrición adecuada en la que hay una extrema fijación por la comida saludable.

Hasta el momento, la ortorexia ha recibido poca atención clínica y aún no ha sido reconocida formalmente como trastorno psiquiátrico, a pesar de tener consecuencias tan graves como la anorexia. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha constatado que afecta al 28% de la población mundial.

En España, cada vez es más frecuente ver la adopción de pseudodietas como la del sirope de arce, o la peligrosa tendencia de sustituir grupos de alimentos por sobres proteinados, todo un clásico para estar “fit”.

 

De la anorexia a la ortorexia

La anorexia es un trastorno psiquiátrico que se caracteriza por una extrema regulación de la cantidad de comida para obtener el cuerpo deseado. En la ortorexia, la preocupación es sobre la calidad de la comida que se ingiere.

El miedo, preocupación, y estrés que acompañan las comidas en un sujeto ortoréxico pueden tener consecuencias más negativas que los alimentos que precisamente evitan consumir (¡Hay que vigilar con las dietas!). Es importante comer en un estado relajado en el que la digestión pueda seguir su curso. De no ser así, hay una mala absorción de nutrientes y, consiguientemente, deficiencias nutricionales. Es común la falta de DHA o ácido docosahexaenoico (un ácido graso Omega 3), de vitamina B12, de hierro, o zinc. Y la carencia de alguno de estos nutrientes contribuye a desarrollar estados de ánimo inestables y baja función cognitiva.

De hecho,  se puede presentar frustración cuando no se puede llevar a cabo la preparación de una comida, o cuando los alimentos que se ingieren no son puros. Por otro lado, nace culpa cuando no consumen alimentos “saludables” y preocupación crónica por consumirlos. Las violaciones en la dieta pueden significar un castigo pues se adoptan conductas “détox” para limpiar y/o compensar lo que se ha comido. Además de las consecuencias psicológicas que supone vivir con esta ansiedad – y las consecuencias físicas – los sujetos ortoréxicos pueden padecer aislamiento social, pues creen que sólo pueden mantener una alimentación sana cuando están solos.

 

¿Cómo comer sano sin desarrollar ortorexia?

El acto de comer “puro” implica castigarse cuando esto no se cumple. Así, cuando un individuo come pizza experimenta una reducción de su tranquilidad y restringe el resto de alimentos que consumirá el mismo día y/o el día siguiente. Estos métodos compensatorios son típicos en los pacientes anoréxicos y/o bulímicos, y el mecanismo mental es el mismo.

Sin darse cuenta, el ortoréxico destinará más tiempo planificando qué come, que comiendo. Y dedicará su vida a resistir tentaciones, y a autocastigarse cuando consuma alimentos “insanos”.

La ortorexia debe sospecharse cuando el acto de sentarse y comer no es una oportunidad para nutrir el cuerpo sino cuando representa una tensión y/o puede desencadenar sentimientos de culpa.

Lo mismo ocurre con la “dismorfia muscular” o vigorexia – deseo extremo de estar musculoso -. En este caso también existe una autoestima reducida y un deseo de tener la aprobación y éxito social. El mecanismo mental es parecido también al de la “drunkorexia” o tendencia a restringir la ingesta de comida antes de beber alcohol, o al de la “pregorexia”, patrón conductual – reducción de ingesta de calorías y/o intensificación de ejercicio físico – que practican las mujeres durante o después del embarazo.

Sin embargo, dado que la sintomatología de la ortorexia se enmarca dentro de una cultura dirigida a “un estilo de vida saludable” es difícil discernir cuándo la preocupación sobre la salud y la integridad de la dieta alcanzan proporciones patológicas.

 

Estar “healthy” vs. estar “sexy”

Hace años, llevar una vida “sana” significaba ir a dar un paseo, en el que se incrementaba la capacidad aeróbica y la resistencia. Actualmente, el término “sano” se representa físicamente a través de un cuerpo esbelto y/o musculado. Esta externalización del concepto “fitness” no es más que una fusión entre lo “healthy” y lo “sexy”.

Para los individuos vulnerables al deseo de ser “sexy”, difundido a través de los medios de comunicación, y para los recién salidos de una dieta que quieren mantener el peso conseguido, internet es la puerta de entrada más peligrosa para la desinformación acerca de lo que es “healthy”.

Herramientas como Instagram facilitan que la gente incluya la comida sana en su alimentación con la finalidad de mejorar su físico, pero no realmente su salud.

Hay muchos aspectos psicológicos que subyacen la aparición de la ortorexia y que hacen a la persona vulnerable a ella. La mente puede normalizar la ansiedad o preocupación a la hora de preparar una comida o hacer su día a día, pero no debería existir ansiedad pues ésta es una respuesta adaptativa que se activa frente a una amenaza. Y comer, bajo ninguna circunstancia es una amenaza, sino una conducta básica de supervivencia, además de placentera.

Artículo cedido a psiqueviva por: 

Coloma Muro

www.holistichealthbarcelona.com

holistichealthbarcelona@gmail.com

Psicóloga Clínica (NC: 23899)

Master in Research of Behaviour and Cognition (UB)

Posgrado en Nutrición y Dietética (Universidad Europea del Atlántico)

Master in Body/Mind Integrative Studies (University of Natural Medicine)

 

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